No me había pasado nunca, advierto. Sentirme obligado a reescribir sobre algo que ya consideraba por mi parte dicho y bien dicho. Pero me estimulan, y hasta me incitan los comentarios que en forma de halagos ha inspirado la protagonista de este artículo, que yo había escrito en principio pensando sólo en un entorno local, o como mucho provincial. Y, sin embargo, ha traspasado fronteras, ya lo creo.

Una de las noticias que ha generado la recién finalizada feria de julio de Valencia -en la que pesa más en el balance final lo bueno que lo negativo- fue, pese a todo, un hecho que no añade gloria a nadie: el que un toro de Cuadri fuese condenado a banderillas negras.

Cuando echamos la vista atrás malo es no ver nada de lo que estar orgulloso. No es el caso, afortunadamente, y al margen de otras satisfacciones y logros -pequeños, comparados con lo conseguido por otros, pero más que suficiente para mis modestas aspiraciones- el ver que Avance Taurino sigue estando en las plazas, cada tarde de feria, es motivo de alegría y de sensación de haber hecho algo útil. Algo, por otra parte, tampoco fuera del alcance de cualquiera. Como decía el poeta, sólo el miedo a la derrota hace que fracasen los proyectos. Bueno, eso y el no trabajar duro y con constancia, el dejar las cosas para mañana, no saber aprovechar las ocasiones, no arrimar el ascua a tu sardina y, desde luego, que la suerte te deje de lado...

Como preámbulo a la Feria de Julio, la Diputación de Valencia organizó por segundo año consecutivo un certamen internacional de escuelas taurinas. Un éxito a todos los niveles. Buen ganado, interesantes novilleros y mucho público a pesar de que los carteles no anunciaban nombres deslumbrantes, únicamente a la base del toreo. La tauromaquia actual debe estar agradecida a esta iniciativa que no debería quedarse a orillas del Turia.

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