Dice El Cordobés, Manuel Díaz, que se va. La artrosis que sufre en sus caderas le está amargando desde hace tiempo y ya parece que no puede más. Este año tuvo que cortar la temporada en junio por ese problema y, ahora, anuncia que se va a volver a operar y según quede hará temporada de despedida o, como mínimo, actuará una última vez en público para que sus hijos le corten la coleta.

Que los empresarios dejen de ser apoderados y defiendan los intereses de la afición, que el abanico de oportunidades se abra para nuevos emprendedores, que los políticos respeten los toros y los traten con la misma consideración que a otras actividades y que las novilladas no tributen como si de un espectáculo profesional se tratase, son parte de los problemas que padece el toreo y que no se arreglarán a corto plazo. Quizá se solucionen cuando alcancen la cima los actuales benjamines del toreo, conocedores de que estas contrariedades abocan la tauromaquia a un futuro negro. En sus manos estará votar a los representantes más respetuosos y exigir a sus apoderados dedicación exclusiva, un tópico que no por serlo deja de estar vigente.

Tras la celebración del festival a beneficio de la FTL, cuando clarines y timbales tocan a balances y recuentos, se cierra la temporada en la Valencia y la primera impresión, contable, es positiva, lévemente, pero así es. En cuanto a número de festejos celebrados en 2018 en la Comunidad Valenciana, el total aumentó en uno más que en 2017, y si entonces se dieron 40, ahora hay que anotar 41. Algo es algo, aunque también cabe recordar, por no irnos mucho más atrás y deprimirnos, que en la campaña de 2016 se dieron, sumando las tres provincias valencianas, 44 festejos, entre corridas de toros, rejones y novilladas con picadores.

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