La Navidad de este año tuvo unas vísperas, al margen de un nuevo intento de buscar protagonismo por parte de nuestro Gobierno y del desgobierno de Cataluña, protagonizadas por un torero, Paco Ureña, que eligió Valencia -y no por mero capricho- como escenario para anunciar que no se rinde y que vuelve a torear en 2019.

Es el único partido que desde el silencio total o la marginación tremenda sufrida durante años y ahora como protagonista actual y gran protagonista futuro, según la opinión pública y la publicada, defiende totalmente el espectáculo taurino. Es muy importante porque puede ganar muchas batallas.

Sigue tensa la situación en torno a la tauromaquia en, curiosa y sorprendentemente, el país en el que se desarrolló, normalizó, regularizó y adquirió carta de naturaleza. Sigue tensa, en general, la situación en el país en el que buena parte de su historia, tradición y cultura derivan, precisamente, del toro y su trato con el hombre. Sigue tensa la situación en un país al que a muchos avergüenza llamar por su nombre: España.

Los activistas antitaurinos no cesan en su empeño por derribar cualquier simbología que desprenda taurinismo. Sus proclamas contagian a una sociedad cada vez más buenista y simple. Las reacciones del sector profesional suelen ser pocas y normalmente se producen a destiempo. Las firmas nacionales huyen de publicitarse en el mundo de los toros por temor a posibles presiones de los antis. Así las cosas, habrá que conformarse con el apoyo desinteresado de Rosalía, Bertín Osborne y ahora Chivas Regal, la prestigiosa marca escocesa de whisky que acaba de dar una lección a los empresarios patrios.

Asentada la realidad pública y de representación política de Vox, tras las elecciones andaluzas del 2 de diciembre, uno de los apoyos de más notoriedad mediática a la formación de reciente epifanía es el del torero José Antonio Morante de la Puebla.

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