Como está de moda dar a cada día del año un contenido y motivo de celebración, como si no fuese suficiente el festejar a diario que seguimos vivos y podemos contarlo, desde hace un tiempo a los Días contra el Cáncer, de la Mujer, del Niño, de la Tercera Edad, del Árbol, etcétera, se añade, entre otros trescientos y pico, el Día Internacional de los Derechos de los Animales, que desde 1997 se celebra el 10 de diciembre, intentando lograr que las personas reflexionen sobre el respeto que debe otorgarse a todos los seres y no sólamente a los humanos.
Un querido, admirado y añorado director de periódico que uno tuvo hace unos años, a quien no han mejorado sus sucesores, no era precisamente un gran aficionado a la fiesta de los toros. Una tarde fallera se sentó a mi lado en una contrabarrera de la plaza de toros de Valencia. Siguió el festejo en silencio y con mucha atención, y pasado el ecuador del mismo, se volvió hacia mí y dijo: “Oye, qué cosas. Yo creía que la plaza de toros también se pegaba la gente, como en el fútbol. Y me he llevado una agradable sorpresa al ver que no es así.” Viene esto a colación por la final de la Copa Intercontinental de fútbol que se discutió ayer en Madrid. Un partido que acabó por jugarse en la capital de España, ya que las trifulcas entre los seguidores de River Plate y Boca Junior impidieron que se celebrase el partido de vuelta en el estadio Monumental de Buenos Aires, feudo de River. Pues bien. Estas cosas, no pasan en los toros. La tauromaquia, la fiesta nacional, tendrá sus defectos y sus anacronismos, que los tiene. Pero el ejemplo que dan los aficionados, tanto dentro como fuera de la plaza, dista mucho del que ofrecen en muchas ocasiones los seguidores futbolísticos. Y es que, en la fiesta de los toros, el aficionado buscar el disfrute, el vibrar con la emoción, sentir el riesgo, gozar con la belleza de lo estético. Y si uno es partidario de un …
La fiesta de los toros, aunque desde fuera pueda parecer imposible e impensable, está muy seriamente amenazada en España. Y por nuestros propios dirigentes. Vease si no lo que planeaba Podemos de haber ganado en Andalucía... la abolición de las corridas, nada más y nada menos. Y nadie movió un dedo ni puso el grito en el cielo ante tamaña provocación y semejante disparate. Nadie con poder y autoridad para hacerlo, claro; aficionados y gente normal ya protestaron y se indignaron, sí.
Después de haber conseguido más de un cuarto de millón de euros de beneficio, es momento de que la Fundación se ponga manos a la obra de forma visible y gane credibilidad. La tauromaquia somos todos, sí, pero no sólo cuando a unos les interesa. Estaría bien que, ahora que ANOET ha convocado una Asamblea General, los empresarios comenzaran a dar ejemplo y mostraran coherencia con lo que dicen de palabra. Son los profesionales quienes han de dar el primer paso, y la función de los aficionados, que es pasar por taquilla y dejarse su dinero, se producirá. Hagan lo que tengan que hacer pero que sobre los ruedos haya implicación y verdad. Esa será la mejor forma de fidelizar a la clientela.
Son estos días de final de año, con la actividad taurina centrada principalmente en plazas americanas y en los despachos, donde se urden alianzas y trazan planes a corto plazo, propicios para la concesión de premios y galardones a los destacados y triunfadores de la campaña que ha sido esta de 2018.
Hace unos días falleció Enrique Moratalla Barba. Tanto con los pinceles como con la cámara un artista extraordinario, un fenómeno, un portento, un genio. Un personaje único, irrepetible. Uno de los últimos bohemios auténticos. Le idolatraba y le apreciaba con todo mi ser. Le quería de verdad y no me despedí de él. Y eso me pesará por siempre.






