Y dale Boca, dale Bo. Un artículo de Enrique Amat

 

Un querido, admirado y añorado director de periódico que uno tuvo hace unos años, a quien no han mejorado sus sucesores, no era precisamente un gran aficionado a la fiesta de los toros. Una tarde fallera se sentó a mi lado en una contrabarrera de la plaza de toros de Valencia. Siguió el festejo en silencio y con mucha atención, y pasado el ecuador del mismo, se volvió hacia mí y dijo: “Oye, qué cosas. Yo creía que la plaza de toros también se pegaba la gente, como en el fútbol. Y me he llevado una agradable sorpresa al ver que no es así.”

Viene esto a colación por la final de la Copa Intercontinental de fútbol que se discutió ayer en Madrid. Un partido que acabó por jugarse en la capital de España, ya que las trifulcas entre los seguidores de River Plate y Boca Junior impidieron que se celebrase el partido de vuelta en el estadio Monumental de Buenos Aires, feudo de River.

Pues bien. Estas cosas, no pasan en los toros. La tauromaquia, la fiesta nacional, tendrá sus defectos y sus anacronismos, que los tiene. Pero el ejemplo que dan los aficionados, tanto dentro como fuera de la plaza, dista mucho del que ofrecen en muchas ocasiones los seguidores futbolísticos.

Y es que, en la fiesta de los toros, el aficionado buscar el disfrute, el vibrar con la emoción, sentir el riesgo, gozar con la belleza de lo estético. Y si uno es partidario de un torero, quiere que este triunfe. Pero no a costa del fracaso de los demás, sino al contrario.

El fútbol, en cambio, es un aprendizaje de la desigualdad. Para que unos ganen, otros deben perder. Y eso crea recelo, resentimientos, frustraciones y produce estos momentos de violencia a qué nos tiene tan acostumbrados el llamado deporte rey. El fútbol, al igual que la tauromaquia, refleja la Ilusión de la igualación social: el pobre puede ganarle al rico, caso del fútbol, o el pobre puede convertirse en rico, caso de la fiesta de los toros. Aunque con la diferencia que en el fútbol lo que importa es la derrota del enemigo íntimo, del semejante, del que ocupa el lugar que nosotros queremos. No así en el toreo.

El incomparable escritor Roberto Fontanarrosa, el sin par Negro Fontanarrosa, quien tiene páginas escritas sobre el fútbol que son dignas de figurar en cualquier antología, afirmaba: “El fútbol es un aprendizaje de la fragilidad de las cosas: qué tantos efectos dependen de un azar milimétrico. La precariedad de casi todo, puesta en escena de manera que cualquiera puede verla. Es apasionante y aterradora al mismo tiempo. El fútbol es el reino de la cábala

Y aunque no venga mucho cuento en un portal taurino, valga un desahogo ante la derrota de ayer de Boca. Porque uno, además de partidario de Curro Romero, es seguidor de Boca Juniors. Y, al igual que nunca renegó de Curro en las tardes malas, que las hubo y muchas, la derrota de ayer tampoco hace mella en la afición de quien suscribe por este club, que nació en abril de 1905 con el nombre de Club Atlético Boca Júniors.

Un equipo cuyos seguidores son llamados los xeneizes, los genoveses, que fueron quienes habitaron el barrio de la Boca a principios de siglo pasado, y que tienen un puerto en el barrio de la Ribera semejante al que hay en el barrio de Boca. Y también se les conoce como los bosteros, término que se acuñó en el año 1924, ya que por aquel entonces la nueva  cancha se erigió al lado de una fábrica de ladrillos que utilizaban bosta como combustible.

Un equipo, cuyos colores azul y amarillo se deben a Juan Brichetto, a quien se le ocurrió el poner al equipo los colores de la bandera del primer barco se parara en aquel puerto del barrio de la Boca. Y éste fue un barco sueco El primer crack de quienes vistieron dichos colores fue Pedro Fournel llamado Calomino. Los estudiosos dicen que fue quien inventó, entre otras cosas, el famoso regate de  la bicicleta en 1911.

Boca siempre ha sido un team caracterizado por la lucha y el esfuerzo. En Boca lucieron su garra figuras  legendarias como Pescia, Antonio Ubaldo Rattin, Giunta y el Chicho Serna. Y otras más recientes como el Beto Márcico o el colorado Mc Allister. Pero también con Boca de jugaron artistas del balón como Ángel Rojas Rojitas, Silvio Marzolini, Carlitos Tévez, Topo Gigio Riquelme y el Pelusa Maradona

Con todo, y aunque los seguidores del equipo puedan tener ídolos, el verdadero ídolo de Boca es la camiseta, tal como cantan sus seguidores:

La camiseta de Boca

se lleva en el corazón.

Yo te sigo a todas partes

aunque no salgas campeón 

 

Y el seguidor de Boca es fiel tanto si hay triunfo como si las cosas se tuercen, como sucedió  ayer. El hincha de Boca aguanta:

Dale Bo,

dale Bo. 

Esta es tu hinchada,

la que tiene aguante,

la que te sigue siempre

a todas partes

y la que nunca

te va a abandonar.

 

Estas, y otras muchas canciones las canta la célebre Doce, el más que numeroso grupo de seguidores de Boca, quienes montan un auténtico espectáculo en las gradas de La Bombonera cada día del partido, muchos años dirigidos por Rafa di Zeo. Doce cuyo precursor fue el hincha Victoriano Caffarena en 1925, quien compuso el himno de su equipo el año siguiente. La Bombonera es el santuario de Boca. Allí se vive el fútbol con la misma pasión que se ven los toros en la Monumental de México, en el llamado Embudo de Insurgentes.

Ser de Boca es formar parte de una idea de esfuerzo, de garra, de pueblo y de victoria. En River Plate hay más estatus, es un club vinculado al ascenso social, a la clase media acomodada. Boca, en cambio, tiene las características de la lucha, el sudor, el esfuerzo, y el ser un club más afín a las clases medio bajas. De River se dice en Argentina que es el residuo del país que no fue, de cuando en Argentina se creían ricos y elegantes y capaces de todo. Boca en cambio es la adaptación a esta realidad confusa, dividida: la idea de que nada nunca va a ser fácil, que para ganar algo hay que pelearlo. Por ello en Argentina a los seguidores de River se les conoce como los millonarios. Y asimismo los gashinas, tal como dicen de ellos los seguidores de Boca.

Para los anales de la historia han quedado muchos jugadores del River Plate que ayer triunfó en el Bernabeu. Como aquella denominada Máquina de River de 1941, cuya delantera integraban Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lostau.

Pero los aficionados también recuerdan de carrerilla muchas alineaciones de los xeneizes. Como aquella de Boca, campeones de 1943 y 1944: Vacca; Marante y Valussi; Sosa, Lazzati y Pescia; Boyé, Corcuera, Sarlanga, Varela y Sánchez.

O la de la campaña de 1960, cuyo once inicial estaba formado por Roma; Silvero y Marzolini; Simeone, Rattin y Orlando; Grillo, Rojas, Menéndez, Sanfilippo y Gonzalito.

Y aquellos guerrilleros con los que contó en 1976 Juan Carlos Lorenzo. Aquel Lorenzo que un día, harto de que le preguntasen por qué el equipo no jugaba bien,  exclamó en una rueda de prensa: “El que quiera espectáculo que vaya al Teatro Colón”. Entre aquellos guerrilleros estaban futbolistas como Veglio, Pancho Sá, el Loco Gatti y Suñé.

Tampoco se quedaba atrás la alineción de 1998 con Cordoba; Bermúdez, Samuel, Ibarra, Arruabarrena; Serna, Cagna, Basualdo; Guillermo Barros Schelotto, Palermo y Riquelme. Y la que en 2003 ganó la Intercontinental: el Pato Abbondanzieri; Ibarra, Schiavi, Burdisso, Clemente; Battaglia, Cascagni, Cagna; Tévez, Barros Schelotto y Delgado.

Boca perdió ayer, pero su hinchada no decae en su ánimo. Aunque les haya ganado su eterno rival, su enemigo por antonomasia. Ese equipo al que le cantan lo siguiente:

Boca no tiene marido,

Boca no tiene mujer,

Pero tiene un hijo bobo

que se llama River Plate

 

El libro titulado Boquita de Martín Caparros, que es un fantástico relato y un completo y sugestivo recorrido por la historia de este club, y de más que recomendable lectura, acaba con la siguiente frase de Enrique Freiré, que refleja lo que sienten los xeneizes por las gashinas. “Yo creo que el verdadero hincha de Boca, el día antes de morirse, cuando sabe que se va morir, se hace de River. Para que no se muera nunca un hincha de Boca. Y para que, en todo caso, los de River tengan uno menos. Es su último sacrificio. Me entendés?”.

Ayer se celebró el partido, la gran final.  Y hoy sigue la vida. Carlos Navarro Montoya, el Mono Montoya, quien durante muchos años fuera arquero de Boca Juniors, y quien también jugó en la liga española, asegura con una gran lucidez lo siguiente: “el fútbol en la Argentina tiene importancia suprema. Pero el lunes cada uno se tiene que levantar a hacer su trabajo. Vos podés estar muy feliz con el triunfo de tu equipo, pero tu vida no cambió. No creas que cambió. Te engaña, el fútbol te engaña. Pero es tan lindo, porque te hace vivir felicidad cuando no tendríamos porqué ser felices. Eso es lo que tiene el fútbol en Argentina.”

Lo mismo, lo mismo que tiene la fiesta de los toros en España y otros muchos países. Y por muchos años.

Feliz semana.

 

 

 

Nacido en Valencia en 1959. Ha desempeñado su labor en diversos medios de comunicación como Radio Nacional de España, Hoja del Lunes, EL SOL, El Toreo, Toros 92, 6 toros 6, El Taurino Gráfico, El Ruedo, La Lidia, Tendido Alto y LEVANTE EMV, aquí desde 1989 hasta 2016. Es autor de más de veinte libros de temática taurina y es comisario de la exposición permanente del Museo Taurino de Valencia. Ha pronunciado conferencias en las sedes del Instituto Cervantes de Beirut, Amman, El Cairo, Casablanca, Almaty, Sofía y los Clubs Taurinos de Londres y Nueva York.
Desde el año 2012 dirige el Foro Taurino del Casino de Agricultura de Valencia y dirige el programa Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.
En la actualidad es redactor en los portales Avance Taurino y Tauroimagenplus, así como en la revista de la Unión de Federaciones Taurinas de España (UFTAE) y colabora en el programa de radio “Toros con El Soro” de Intereconomía Radio y El Remolino de Ocho TV. Desde septiembre 2019 dirige el programa Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.