Pues los nuestros, supongo que son los nuestros, andan callados y sin proyecto cuando ya estamos casi en marzo. Y salvo deseos aislados -GARZÓN, toros en Leganés, leves esperanzas de sanfermines, etc- aquí nadie dice nada. Siguen mudos como en el 2020. Los contrarios, sí, alientan a los lobos a comerse el ganado bravo y manso. Y se unen, encantados, los animalistas a los del Gobierno, Desgobierno o Antigobierno. Animalistas que quieren hacer desaparecer los toros, pero que les importa un carajo ver descuartizar salvajemente también a los demás animales.
¿Por qué se subvenciona con fondos públicos a una asociación capaz de chantajear con dinero de sobra? Los animalistas de PETA han ofrecido casi 300.000 euros al alcalde de Pamplona para que prohíba los festejos taurinos de los sanfermines invitándole a que se ponga “del lado correcto de la historia”. Desestiman que la verdadera historia del pueblo navarro está ligada a los toros y que éstos provocan un impacto económico en la ciudad de 75 millones de euros anuales.
Pese a la experiencia de tanto tiempo, al parecer, es preciso tropezar una y otra vez, si no en la misma piedra, sí en todas las que vayan apareciendo en el camino. No es el humo lo que nos ciega, sino las ideas preconcebidas, la soberbia y, sobre todo, la ignorancia.
La creencia de los taurinos acerca de que la tauromaquia es eterna y nadie acabará con ella no tiene ningún sustento en un mundo fugaz y una sociedad cambiante que muta sus gustos y entretenimientos sin apego a la historia ni a las tradiciones. El sentimiento anti gana adeptos ante la pasividad de los pro, y poco a poco los toros van desapareciendo del mapa mientras las ensoñaciones inundan de falsas esperanzas a los aficionados.
A Paquirri no lo mató un toro. Me explicaré. El origen de su muerte fueron las cornadas, tres, de un toro en Pozoblanco, sí pero... Tampoco lo han vuelto a matar, pero sí a ensuciar su figura, o intentarlo, toda la gentuza que ha hablado ahora de él sin tener ni puta idea de lo que fue como torero y su carrera profesional.
Alegrías, esperanzas y penas, como siempre, en LA DANZA, que ya cumple 35 semanas en esta su segunda etapa.






