Un músico callejero. Un virtuoso. Un artista. No llena estadios multitudinarios. No dispara el precio de la reventa. Puede ser que no haya tenido suerte. Quizá no la haya buscado. Pero, si se es capaz de escucharle, su música eriza la piel porque toca el alma con cada acorde. Viéndole recordé a muchos toreros buenos que no llegaron a donde se presuponía. Que injusto es el arte, y la vida.

Es, desde luego, uno de los grandes atractivos de la inminente feria de fallas y el gesto, gesta, de Román anunciándose como único espada en la primera corrida del serial valenciano no deja indiferente a nadie. De momento ya comienza ganando esta apuesta.

Pues sí a la primera porque las tres de primera han madrugado como nunca, incluso la de Castellón muchas veces primera en su calendario aunque sea de segunda categoría. Madrugadoras sí, hasta cerrar con mucho tiempo y prontito la renovación de abonos, incluído Madrid presuroso: fin el último domingo de febrero.

Con T de toros. Con T de triunfo. Y con T de todos, porque la fiesta taurina es de todos y para todos. No puede ser eliminada por antojo de unos pocos como tampoco se puede suprimir el derecho de tantos a disfrutar de una profesión, una fuente de ingresos o un espectáculo que atrae a millones de personas.

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