Gracias a la ANPTE (Asociación Nacional de Presidentes de Plazas de Toros de España) se cumplió la ley en la plaza de toros de Morón de la Frontera, Domingo de Ramos 2021, y hubo sorteo.
El público es la tercera pata de la tauromaquia. Sin espectadores el toreo no tendría sentido. Es la gente que ocupa los tendidos quien espolea y exige a los toreros. Con las restricciones impuestas por la declaración del Estado de Alarma, el aforo de las plazas se redujo y el ambiente quedó frío y desangelado. Ahora cabe esperar que la evolución de la pandemia permita la celebración de festejos con mayor ocupación y que los empresarios acierten con las combinaciones propuestas.
Parecía que amanecía escribí la semana pasada, pero no. Vienen más nubarrones. Las noticias de las autoridades en Sevilla no son buenas, a pesar de que están haciendo lo posible y más, anunciando que los de RAMÓN VALENCIA pagan los antígenos de todos los espectadores. Pero insisten los que mandan en el inviable metro y medio de distancia.
Cuando todo el mundo estaba pendiente de Sevilla, por ver si finalmente hay toros en La Maestranza en abril, dando por hecho que San Isidro se evapora por segundo año consecutivo, llegan los Matilla y ponen todo patas arriba anunciando un serial isidril… en Carabanchel. La bomba.
Pues sí, hay ambiente taurino y su reflejo me servirá para completar mi artículo anterior “Los toros y la Semana Santa” porque el ambiente, o los recuerdos de otros años, siguen en lo más vivo.
Que los tendidos de las plazas de toros se ocupen a la mitad de su aforo podía verse de forma negativa antes de la pandemia pero positiva durante el Estado de Alarma. Que prospere una ley que pretende prohibir la libre entrada de menores de 18 años en recintos taurinos sólo puede verse de mala manera, y que el sector no se pronuncie al respecto peor.






