No acaba de verse claro el panorama y, pese a que hay indicios y mensajes de mejoría y solución, la situación sigue siendo compleja y pocos son los que deciden aventurarse en las sombras. El miedo atenaza e impide casi cualquier movimiento.

Pues sí y otra vez: Morante es figura hablando. Habla poco, su facilidad de palabra es muy concreta pero con objetivos muy claros. Se le entiende todo. Es transparente. Y honrado en sus expresiones. Parece claro que dice lo que piensa sin doblez alguna. Se puede estar o no de acuerdo con él, pero  matiza siempre y argumenta bien. Por todo ello, Morante hablando es también figura.

El boxeo, otrora espectáculo de masas, dejó de aparecer en la televisión y su presencia en la sociedad menguó hasta límites inesperados. La historia de su languidez recuerda a lo que, desde hace unos años, le está ocurriendo a la tauromaquia (sin que se acierte a poner remedio).

Que la pandemia va a suponer un antes y un después, está clarísimo. Ya nada volverá a ser como antes, por mucho que nos emperremos en que así sea. Y quien lo tenga claro llevará mucho terreno adelantado. Lo de renovarse es cada vez más urgente.

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