La primera línea de esta DANZA es para un comentario de ISABEL TABERNERO tras la corrida de Sanlúcar: “Recuerdo a ENRIQUE PONCE y al CORDOBÉS que la distancia de metro y medio es entre espectadores, no necesariamente entre toro y torero. De nada”. Se acuerda ISABEL de la emoción que debe volver con la normalidad ansiada. No habla nada del pico, costumbre nefasta de casi todos, que entra en lo de la gran distancia. Tampoco nada de muleta y capote de EMILIO DE JUSTO, mantas de Palencia con las que no pasará nunca frío.
La unidad es un concepto manido, gastado, trillado. Un deseo expresado con vehemencia desde tiempos inmemoriales que dentro del sector taurómaco nunca llegó a producirse. Buenas intenciones siempre las hubo, seguro, pero nadie ha acertado con la clave para que sea una realidad.
El torero de La Puebla está dando mucho juego en estos días inciertos, en los que no se sabe a qué carta juega cada cuál y en los que el aficionado no parece contar para nadie.
Sobre el no a Sevilla para su miniferia taurina de abril, traigo la siguiente reflexión de alguien de allí que es alguien: creo que el aplazamiento es correcto, no el modo de hacerlo que ha sido horroroso.
Los actuales sindicatos parecen estar amordazados por las suculentas subvenciones que reciben del Gobierno. El sector profesional taurino se les asemeja cada vez más, pero sin recibir un euro. A falta de acciones se imponen las críticas a los antis y también a quienes apoyan la tauromaquia esgrimiendo que no se la debe politizar, pero olvidando que quienes primero se posicionaron fueron los abolicionistas. Resulta tan evidente que el toreo no tiene tinte político como que necesita respaldo para seguir existiendo, y sobre todo necesita mucho trabajo interno.
Estalló Sevilla en mil pedazos, cuyos carteles valdrán para una gran San Miguel en septiembre, mientras disfrutaban en Sanlúcar y Mérida.






