Es uno de los hombres con mayor influencia en el entramado taurino actual. Muchos le señalan como el actual “padrino” de la tauromaquia para responsabilizarle de parte de los desaciertos de funcionamiento del sector. Sin embargo hay que convenir que se trata del profesional más valiente en estos momentos de pandemia, el que está tirando del carro de la organización de ferias a pesar de las adversidades.

Su gesta fue meta y principio. Su consecución significó llegar, por fin, a donde siempre soñó pero también el inicio de una carrera diferente en la que no faltaron obstáculos y contrariedades.

A veces se queda uno sorprendido de ver las cosas de la tele pero como la locura es la peor pandemia que padecemos, mucho peor que la del coronavi, pues tiene  mirar para otro lado para no hacerse mala sangre, pero lo del Canal Sur, “El legado de Paquirri”, se pasó de castaño oscuro. Estaba en guardia porque había visto los decepcionantes dedicados a Lola Flores y a Carmen Sevilla, ligeramente caóticos y parciales.

Hace décadas, prácticamente todos los pueblos de España celebraban algún tipo de espectáculo taurino. En las fiestas patronales cada plaza Mayor se convertía en un singular coso donde, según el presupuesto municipal, se anunciaban matadores, novilleros o simplemente los vecinos más valientes del lugar para torear unos becerros. Eso pertenece al pasado, y el futuro no pinta nada halagüeño.

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