El noveno mes del año llega cuajado de festejos y a diario hay funciones, sueltas o incluidas en ferias y seriales, a lo largo y ancho de nuestra no por nada llamada piel de toro. Y de entre toda esta abundante y suculenta oferta dos nombres destacan: Albacete y Murcia.
Estamos en septiembre el esperado para redondear una temporada aceptable. Las ferias de Albacete, Salamanca y Logroño le dan y darán ambiente y público como ya lo ha dado la de Valladolid. Y Murcia ayudará.
Pretender que todos los recintos se adapten a las normativas de construcción y seguridad actuales es tan quimérico como injusto. Ni la plaza de toros de Béjar, ni la de Ronda, ni la de Las Virtudes, ni la de Almadén, ni la de Bocairent, por poner sólo algunos ejemplos, cumplen la legislación vigente en esas materias, y sólo su demolición y nueva edificación podrían cambiar tal circunstancia, algo que sería una auténtica aberración. Incluyendo todas las medidas de seguridad posibles, que las leyes contemplen salvedades para cosos históricos y singulares, como también es el caso de Algemesí, es lo lógico, pertinente y respetuoso.
Lo de MORANTE, preocupante. Huele a problema incompatible con los ruedos. Y por tanto apesta a retirada. Y escribo que apesta porque sería, en estos momentos, una peste para el toreo.
Cuando este año eche a caminar una nueva edición de la feria de Albacete, la más destacada e importante de cuantas se dan en plazas de segunda y, desde luego, la más prestigiosa y notable de las que se celebran en septiembre, ya no todo seguirá siendo igual. Algo será diferente. Falta Pimpi.
Llevo mucho tiempo sorprendido viendo al 98% de matadores y novilleros dando la vuelta al ruedo, con oreja o sin oreja, pero sin capote y con montera. Recogen el trofeo con montera y capote y, en cuanto empiezan a andar, sueltan el capote y se quedan sólo con la montera en una escena hortera y antiestética.






