Siempre se dijo que el toreo es justo; que el toro pone a cada cual en su lugar, que lo que un torero se gana en el ruedo es sagrado. Pero para que todo se cumpla hace falta que los empresarios, además de pretender lícitamente ganar dinero, mantengan un halo de romanticismo, sensibilidad y afición. Porque todo se va al traste si no anuncian a quienes se lo han merecido a sangre y fuego, si dejan parados a quienes no están amparados por apoderados amigos.
Con la visita e inmediata y rapidísima partida de los Reyes Magos -alegoría de lo breve y fugaz de la felicidad- se puso fin a la tregua navideña y hay que ponerse manos a la obra. La nueva temporada está ya en marcha y en menos de lo que se tarda en contarlo sonarán clarines y timbales.
Pues queda muy poquito para que empiecen las ferias 2025 y nada se sabe si habrá televisión para las de primera, que son las que interesan y más se ven obviamente: Fallas, Abril, San Isidro y San Fermín.
Empieza el año con la decisión de MORANTE DE LA PUEBLA de anunciarse, en OLIVENZA y cinco en SEVILLA. También se anunció mucho el año pasado pero después avisaba que no podía. Espero que mida mejor su estado y después decida. Sí, no y no y sí es un mareo para él, las empresas y el público.
Sucedió en un pequeño pueblecito español, tradicional y hospitalario, donde cada año el espíritu navideño se funde con la pasión por los toros, donde, una vez más, se deseó grandeza y un futuro halagüeño a la tauromaquia. ¿Sucedió o fue imaginación? Realidad o ficción, que el arte del toreo siga vivo.
Acaba el año y, aunque de facto ya hace unas semanas que dejó de haber festejos, oficialmente se cierra la temporada. Una campaña que, en los ruedos, ha sido intensa y con abundantes notas de interés. Toros y toreros coincidieron en numerosas ocasiones, lo que propició que el espectáculo fuese brillante.






