Se cumplen 75 años de la primera edición de la madrileña feria de San Isidro, un invento de don Livinio Stuyck que quiso, por una parte, revitalizar el abono de Las Ventas, y, por otro lado, que la capital de España no fuera menos que, por ejemplo, Albacete, creando un serial en torno a la festividad del patrón.
Desconocida porque no se comportó como Sevilla (ya hace años que escarbaba, pero este año sin careta ni disimulo) y sorprendente porque hizo cosas increíbles que destruyen gran parte de su prestigio.
En las últimas décadas no recuerdo un ruedo tan inundado de cojines como el del pasado 6 de abril en Sevilla. Confieso que sentí cierta emoción al verlos sobrevolando mi cabeza. Aquello me transportó a otros tiempos de mayor fervor y entusiasmo. En los tendidos había excitación, furia, acaloramiento… y con ese éxtasis la Fiesta tiene larga vida.
erminó Sevilla y marcha Madrid y entre trenes de aquí para allá, toros en la Maestranza y Las Ventas, broncas, orejas, almohadillas y demás.. y la danza en su más alto nivel. Y MORANTE, ROCA REY, JULI, ESCRIBANO. Y no se alarmen con las Puertas del Príncipe, aunque lo visto sí es preocupante, con los presidentes y el público. Ya lo dijo ORTEGA y GASSET hace muchos años que, si queríamos ver cómo estaba el pueblo español, nos acercáramos a una plaza de toros…
Como si de una maldición se tratase, en apenas dos años sucumbieron los dos principales diestros de las denominadas Edad de Oro y Edad de Plata del toreo en España. Primero fue Gallito y, casi sin que la afición lo hubiese asimilado, cayó Granero, de cuya muerte se cumple ahora un siglo.
Dudas, sí, sobre esta feria fundamental, tras el tiempo pasado en blanco.






