La llegada de José María Garzón a la gerencia de La Maestranza ha sacudido los cimientos del toreo sevillano. No es un simple cambio de nombres, sino el fin de casi un siglo de un mismo modelo de gestión. Su nombramiento abre expectativas, inquietudes y, sobre todo, la puerta a una renovación largamente esperada. El mundo taurino mira ahora al futuro con una mezcla de cautela, curiosidad y esperanza.

Una vez más, y ya se pierde la cuenta, la izquierda radical española deja ver la patita y exhibe su talante intransigente, intolerante, excluyente y autoritario. Lo que no está en su ideario, no aparece  en sus manifiestos ni figura en sus manuales hay que prohibirlo. La libertad de pensamiento parece algo reaccionario y lo que no les interesa hay que eliminarlo. Y ahí entran los toros.

Es importante ser justos en la concesión de premios, máxime cuando se trata de novilleros, jóvenes ilusionados en una carrera tan apasionante como dura. Anteponer un nombre sonoro a otro de menor fama aún cuando éste haya realizado méritos sobrados para ser declarado triunfador, además de ser injusto, resta categoría, rigor e imparcialidad a los propios premios. Porque un galardón debería dignificar antes a quien lo concede que a quien lo recibe.

Revolución en Sevilla. Nueva etapa. Se cambia la historia. Le dedicaré mi próximo artículo. Pues como los periodistas estamos para contar la realidad, aunque no nos guste, tenemos que lamentar, y mucho, la muerte de ÁLVARO DOMECQ ROMERO, un gran personaje taurino y defensor del caballo como nadie, siguiendo la estela de ÁLVARO DOMECQ y DÍEZ, otro grande del toreo y de la ganadería.

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