Quiero en primer lugar entonar un mea culpa por el retraso en dedicarle unas líneas a Joselito Moreno, de cuyo fallecimiento tuve noticia hace algún tiempo.
Cada vez somos menos cosas. No somos París. Ni somos Grecia. Tampoco fuimos Haití, por ejemplo, cuando tocaba serlo. Ni Siria, ni etcétera, etcétera. Ni somos, como pensábamos, los mejores. Ni los más grandes ni los más guapos. Ahora resulta que tampoco somos América. Y entiéndase América como Estados Unidos, el país que marca la pauta en el universo mundo.
A veces soy pesimista y, taurinamente hablando, lo veo todo muy negro, y otras, sin embargo, el optimismo me invade, como me sucedió el pasado fin de semana cuando viví dos momentos taurinos tan inesperados como gratos.
Al 2016 le queda un cuarto de hora para que lo arrastren las mulillas al desolladero. O los caballos de tiro y arrastre, tradición que en la Plaza de Toros de Valencia ha recuperado el tesón de Vicente Nogueroles.
Termina la temporada y arranca la campaña de resúmenes, análisis y estadísticas. Un año más, las figuras copan la atención mayoritaria y, lógicamente, mucho más espacio en los medios de comunicación (que aún tocan el tema taurino).
Oigo a algunos políticos hablar de forma insustancial de la abolición de la tauromaquia y a favor de unos cursis y postizos derechos de los animales y recuerdo a una señora paseando a su perro en el carrito de un bebé y a una niña que soñaba con ser la mami de un cachorro de sexo chico. A este paso acabaremos vistiendo a nuestras mascotas de traje y dándoles 20 euros para que vayan a comer al restaurante que elijan.






