Los avisos se han convertido en norma habitual en cada tarde de toros. Hace tiempo no era así. Ahora los matadores alargan las faenas generalmente en exceso. A falta de intensidad demasiada dilatación. Por otra parte, sólo la aparición del toro serio, con trapío, motiva al matador, capta al espectador y confiere entidad a cuanto se realiza frente a él.

En todos los ámbitos de la vida, en lo personal y lo profesional, el respeto es fundamental, tanto para con uno mismo como, más, con los demás. Si no se guarda una mínima consideración para con quien te rodea, el conflicto está servido y con él llega todo lo peor.

Hace unos días Román mató en Valencia, en Fallas, una corrida como único espada. Pues bien las corridas en solitario ante seis toros enloquecen a los microfoneros de radio y televisión y a los escribidores en las redes o en papel que repiten epileptoides : encerrona, encerrona, encerrona, encerrona y encerrona. Pues no.

Es lo que hay, pero no es lógico ni posiblemente correcto. Que un novillero novel, de buenas a primeras, se la tenga que jugar en una plaza de categoría, es lo mismo que si a un piloto de karts le dan directamente un Fórmula 1 para competir en Mónaco. Si detrás no hay un mínimo tiempo de aprendizaje y un fuerte apoyo económico para prepararse exhaustivamente, las posibilidades de que todo salga bien son las mismas que toque el gordo de la lotería.

Cuando las cosas vienen bien dadas es muy fácil dárselas de impecable, atento, solícito y etcétera. Y parecerlo. Lo difícil, y más raro, es serlo cuando surgen problemas o aparecen dificultades que exigen sacrificios o esfuerzos que puede que no tengan reciprocidad. Ahí es donde está el mérito.

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