Se acaba de consumir un nuevo capítulo de la feria de julio de Valencia, en su momento la más importante del calendario y modelo de todas cuantas vinieron después. Pero... los tiempos cambian, los intereses mudan y, al final, nada queda, que ya cantase Machado y, antes, explicase, con aguas y ríos, Heráclito. Lo que fuese gran acontecimiento valenciano tiene un horizonte oscuro y nada claro.
Aumentan cada tarde. Es rarísimo ver a algún torero dar la vuelta al ruedo, con trofeo o sin él, llevando el capote de paseo. Torería y orgullo para los pocos que lo hacen. Se aferran a la montera y desprecian el capote mientras los subalternos, los tres, lo llevan siempre. Estaría bonito que imitaran a sus jefes y se pasearan detrás del matador solo con la montera. Vaya escena.
Junto a Enrique Aguilar, revivo mis mejores tiempos en Michoacán.
La grandeza de la Tauromaquia no nace únicamente del talento del matador, sino, sobre todo, de la bravura y la exigencia del toro. Cuando el astado transmite emoción y obliga al diestro a superarse, el toreo alcanza su máxima dimensión. Es el animal quien da categoría a la faena y quien convierte al torero en héroe.
Pues pasados los ejemplos de MADRID y PAMPLONA, volvemos a la realidad. En MADRID van a los toros con entusiasmo y hasta con ansiedad. Lo nunca visto. Espectacular. En PAMPLONA van por ir. Hay que ir y llenan la plaza todos los días. Y después dan orejas hasta después de una estocada haciendo guardia. Sin embargo los encierros lo llenan todo. Se podrá decir que son encierros descafeinados o light, que lo son y yo lo afirmo, pero se sufren sobre todo lesiones óseas o cerebrales.
El cierre de la feria de julio de Valencia coincidió con la final del mundial de fútbol y, en esta ocasión, el fútbol pudo con los toros. Y si bien adelantaron la hora de la celebración de la novillada, apenas trescientas personas se congregaron en los tendidos del coso valenciano. Pero bueno, era este caso una cuestión de fuerza mayor y los que ayer estuvimos cumplimos con nuestro deber y luego, a ver el fútbol. Ganó España muy merecidamente, y al margen de un montón de reflexiones que nos pueden venir a la cabeza, hay que felicitarse porque el fútbol también ha puesto a Foios en el mapa. Nuestro amigo y admirado Vicente Ruiz El Soro ya se había encargado en su momento de vestir la tauromaquia de naranja y oro y pasear el nombre de Valencia y el de Foios por todos los rincones taurinos del mundo mundial, que son muchos. Pues en la final de Mundial otro nacido en Foios fue el que tuvo la ocasión y el privilegio de marcar el gol que convirtió a España, por segunda vez, en campeona del mundo de fútbol. Ferrán Torres, cuya carrera comenzó en el Valencia y luego, tras vestir de camiseta del Mancherster City, ahora milita en el Barcelona. Un Ferrán que también, al igual que El Soro, ha dado ejemplo de resiliencia, porque durante el campeonato fue muy controvertido y más de un día le cayó la del pulpo por algunos de los comentarios que le dedicaron estos que …
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