Descafeinados queda más español. Light les va más moderno. Pero es la realidad de unos encierros, los pamplonicas, los números uno, que ya no son los que eran. Todo cambia y como han cambiado no las generaciones sino la Humanidad, ¿cómo van a seguir siendo iguales los encierros pamplonicas, además de que el paso del tiempo siempre influye con nuevas costumbres, nuevos deseos y nueva situación?.
Hay personas cuyo recuerdo permanece ligado para siempre a un lugar y a una forma de entender la vida. Paco Castelló “Tito” fue una de ellas. Aficionado taurino, sanferminero por convicción y amigo de sus amigos, convirtió Pamplona en su segunda casa y dejó una huella imborrable en cuantos tuvimos la fortuna de conocerle.
Pues los sanfermines siguen siendo como siempre, mejor o peor, más o menos graciosos, más o menos divertidos, en los que teníamos dos cosas serias: los encierros, lo que más con diferencia y origen de todo, y la presentación del ganado como la feria del toro que es.
Aunque, stricto sensu, no sea nuestro patrón, que -puede que de manera equivocada pero fírmemente arraigada en nuestro ideario- es el curro diario y sin horas, si bien también ponemos velas a la diosa Fortuna, del santo pamplonica se espera que despliegue su capotico y que con más arte que Morante y tanta eficacia como Esplá permita que su feria sea brillante y sin desgracias.
Con la que está cayendo en España, que parece inconcebible, pero hay que seguir y hablar de los sanfermines, que son sanfermines frivolizados. Cada año más. ¿Y cuál es una de las armas más terriblemente poderosas para poder hacerlo? La tele. Y ¿quién puede seguir frivolizando?. Pues la tele.
Normalidad en la temporada con la pareja de figuras a lo suyo, Talavante haciendo pinitos y los triunfadores de ahora que van detrás siguen triunfando con la complacencia y aprobación de la actual afición y sus tragaderas.






