Desde siempre los aficionados a los toros han podido presumir de saber convivir en democracia. En época de convulsas manifestaciones independentistas y españolistas, cuando en la calle la falta de educación y tolerancia toca techos inauditos, la tauromaquia, que es del pueblo, vuelve a ser ejemplo de respeto a las libertades, y el pasado 9 de octubre el coso taurino de Valencia se convirtió en el máximo exponente de ello.

Cuando uno ya estaba hasta la coronilla de escuchar y oír hablar, ya hasta la náusea, de tanto procés, o prusés, llegó el célebre y triste 1–O y las cosas fueron a peor. Un tema aburrido y vomitivo hasta decir basta. Dons, (como dicen aquellos), y como compensación, como bocanada de aire fresco y en homenaje a tantos y tantos catalanes de pro que no se identifican con tanto desatino, es mejor seguir hablando de la presencia de la tauromaquia en Cataluña. Y es que el toreo tiene, como ya ha quedado reflejado, una histórica tradición. Una comunidad que ha sido y continúa siendo cuna de destacados toreros y con gran arraigo de ganaderías y peñas taurinas. A título orientativo, basta citar algunos ejemplos en diversas facetas de la cultura.   Teatro Tiene un gran interés, sobre todo por lo curioso que representa, la existencia de una obra de teatro sobre tauromaquia escrita en catalán. La titulada Toreros d´hivern. Un texto que se estrenó el 4 de diciembre de 1895 en el teatro Romea de Barcelona.  Se trata de una comedia en tres actos y en prosa. En formato de libro, fue editaba en el año 1914 en Barcelona por la colección Biblioteca Teatro Mundial. Tal como recoge el escritor Xavier Rius, su autor es el dramaturgo y periodista catalán Antonio Ferrer i Codina, quien nació en Barcelona en el año 1837. Estuvo casado con la actriz Carmen Parreño y fue un fecundo autor, entusiasta del teatro en catalán, y …

Los tres han dado y/o recibido lecciones. La primera, la valoración, tras su muerte, de la figura de Victorino Martín. La sociedad en general y la afición en particular participan de un sentimiento común: admiración por un gran triunfador que siempre defendió al toro en el que creía para que esto tuviera futuro. Emoción añadida sobre todo. Y ahí estuvo todo el pueblo en la calle, atestadas las calles, saturadas de emociones y cariño, como hace días en Albacete con Dámaso González, ejemplo de humanidad y de afición.

Parece que vuelve a estar de moda lo de los payasos siniestros y  malvados. De momento -y oremos para que así siga siendo- el  esperpento, la astracanada, el ridículo y la payasada -dramática y  esperemos que no acabe siendo trágica- de Cataluña no ha llegado al  mundo de los toros. El bochornoso espectáculo protagonizado en  Barcelona por ¿políticos? que más parecen aquellos Tres Chiflados - Moe, Larry y Curly- que durante medio siglo dieron forma a  disparatadas y crueles comedias, es ajeno a lo taurino. Que,  coincidiendo con el penoso dislate catalán, ha vivido momentos  esperanzadores. Al menos en Algemesí y su Feria de las Novilladas.

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