Se celebró el 13 de febrero el Día Mundial de la Radio, un evento moderno, establecido el 18 de diciembre de 2012 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, si bien la idea nació del presidente de la Academia Española de la Radio, Jorge Álvarez, que en enero de 2008 solicitó la instauración de esta celebración para promover las conmemoraciones anuales de este día y así contribuir al prestigio de este medio de comunicación en todo el mundo. Así sea.
Hablemos del afeitado del 2020 en los poquísimos espectáculos que hubo. Estoy atónito. Más de uno me ha hablado de ello. ¡A mí, que la justicia, la coherencia, la decencia y la independencia son las cuatro patas de mi mesa, lo han sido siempre y lo serán! Ni se me había ocurrido pensar en ello. No se habrá afeitado y creo que nada hay que afeitar. Y además como decía un profesor mío, marista, “no hay como hacer las cosas a su tiempo”. Y además oportunamente. Decir la verdad y en el momento, además tener razón.
Pues los nuestros, supongo que son los nuestros, andan callados y sin proyecto cuando ya estamos casi en marzo. Y salvo deseos aislados -GARZÓN, toros en Leganés, leves esperanzas de sanfermines, etc- aquí nadie dice nada. Siguen mudos como en el 2020. Los contrarios, sí, alientan a los lobos a comerse el ganado bravo y manso. Y se unen, encantados, los animalistas a los del Gobierno, Desgobierno o Antigobierno. Animalistas que quieren hacer desaparecer los toros, pero que les importa un carajo ver descuartizar salvajemente también a los demás animales.
¿Por qué se subvenciona con fondos públicos a una asociación capaz de chantajear con dinero de sobra? Los animalistas de PETA han ofrecido casi 300.000 euros al alcalde de Pamplona para que prohíba los festejos taurinos de los sanfermines invitándole a que se ponga “del lado correcto de la historia”. Desestiman que la verdadera historia del pueblo navarro está ligada a los toros y que éstos provocan un impacto económico en la ciudad de 75 millones de euros anuales.
Pese a la experiencia de tanto tiempo, al parecer, es preciso tropezar una y otra vez, si no en la misma piedra, sí en todas las que vayan apareciendo en el camino. No es el humo lo que nos ciega, sino las ideas preconcebidas, la soberbia y, sobre todo, la ignorancia.
La creencia de los taurinos acerca de que la tauromaquia es eterna y nadie acabará con ella no tiene ningún sustento en un mundo fugaz y una sociedad cambiante que muta sus gustos y entretenimientos sin apego a la historia ni a las tradiciones. El sentimiento anti gana adeptos ante la pasividad de los pro, y poco a poco los toros van desapareciendo del mapa mientras las ensoñaciones inundan de falsas esperanzas a los aficionados.






