Una vez más hay que escribir de Semana Santa y toros, tan unidos en la tradición, la costumbre y la historia. Hay dos domingos singulares de alegría como son el Domingo de Ramos,  triunfando Jesús en Jerusalén, y el de Resurrección, la fecha clave del cristianismo.

Empezaré con las noticias positivas, que son las que hay que disfrutar. Sigue viento en popa la temporada en los ruedos con 15 festejos programados en el pasado week-end y también en la transmisión de festejos en directo. Nada menos que 4 y, para mayor alegría, en televisiones autonómicas públicas (para todos los públicos, en casita y gratis…)

Las enfermedades de Morante y de Rafael de Julia ponen de manifiesto que los toreros, más allá de su capacidad de reponerse como si de súper hombres de tratara, también son humanos que sufren duros varapalos que sacuden sus cuerpos y sus mentes. Cada vez son más los deportistas de élite que incorporan a sus equipos la figura del psicólogo, una idea nada desdeñable para aquellos que se juegan la vida tarde tras tarde bajo presiones difíciles de soportar.

No cabe duda, ni excusa ni alegación en contrario: el toro es la base de la fiesta. También lo son el torero y el público, claro, pero cuando falla aquel elemento todo el tinglado se desmorona. Puede haber grandes faenas sin gente en los. tendidos -de hecho las habido- y grandes toreros que arrastren a las masas, pero si en el ruedo no hay un toro que de verdad lo sea, no hay nada que hacer.

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