Antes de la gala de presentación de carteles de la feria de San Isidro, hay algo que la gente ni se entera y es el amén tradicional del Centro de Asuntos Taurinos a todos los que presenta la empresa. Siempre el sí de la Comunidad. ¿Recuerdan alguna vez que hayan puesto alguna pega, o más, peguita, a algún cartel? A vivir los componentes del Centro, a vivir que son dos días. Les da igual que los carteles sean tan vulgares como los de este año. Vale todo. Si el pueblo español traga sin rechistar lo que viene de la Moncloa, ¿no va a tragar lo que dice y hace Plaza 1? En fin, otro gasto inútil como tantos y tantos de Sánchez, que con apellido tan vulgar, como sus antecesores, se ha hecho tan famoso.  

El cartel de San Isidro ha encendido el debate antes del primer paseíllo. La imagen elegida para anunciar la feria más importante del mundo ha provocado un choque entre tradición y nuevos códigos estéticos. La ilustración, que erige en protagonista de la feria a un solo torero, no deja indiferente a nadie y, quizá sin quererlo, ha provocado reacciones y desafíos inesperados.

Ha sido la gran noticia de los últimos días. El gran suceso de este inicio del nuevo curso. El gran tema del que todos hablamos y escribimos. Un acontecimiento que sacudió al mundo del toro y se convirtió en el principal argumento de noticias, crónicas y artículos de opinión. Morante de la Puebla toreará vestido de luces esta temporada que ahora empieza.

La gala-presentación de los carteles de la feria de San Isidro lleva ya unos años para socializar la combinaciones. La empresa hace un tremendo esfuerzo montando una carpa en el centro de Las Ventas que costará un dineral. Alguien me susurra que ese gasto se podría invertir en mejoras para los abonados y que con el alquiler de un gran teatro podría valer, pero claro, digo yo, no tendría el ambiente del lugar ni muchísimo menos.

Una nueva ola de normativas dictadas desde la distancia amenaza con reescribir la vida del campo y las tradiciones que lo sostienen. Entre borrascas, barro y nieve, el mundo rural sigue cumpliendo con su deber mientras, desde cómodos despachos urbanos, se pretende legislar sobre realidades que no se conocen. Quienes quieren gobernar a los animales sin haber pisado nunca una dehesa, ahora ansían prohibir la entrada de los menores a los toros.

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