Revolución en Sevilla. Nueva etapa. Se cambia la historia. Le dedicaré mi próximo artículo. Pues como los periodistas estamos para contar la realidad, aunque no nos guste, tenemos que lamentar, y mucho, la muerte de ÁLVARO DOMECQ ROMERO, un gran personaje taurino y defensor del caballo como nadie, siguiendo la estela de ÁLVARO DOMECQ y DÍEZ, otro grande del toreo y de la ganadería.
Pues llegamos al 2025, lo acabamos y seguimos igual: impera la tauromaquia del pico. Casi todos, por no decir todos, muletean así. Pico de la muleta para citar, llevar al toro con el pico, preservar la buena distancia entre toro y torero y vaciarlo así. Y los hay que además cogen el estaquillador por la parte extrema pegado al cuerpo.
Hace ya medio siglo, y parece que fue ayer, que la muerte de quien había dirigido no sólo la política sino el rumbo de España desde hacía casi otro tanto, marcó un punto de inflexión decisivo y determinante en la historia de nuestro país. La desaparición de Francisco Franco dio paso a un cambio de modelo que afectó a todos los ordenes de nuestra vida.
Despreciar a Sánchez Mejías es despreciar a la Generación del 27.
Faltaba lo del NYT (NEW YORK TIMES) para dejarnos con la boca abierta. Más todavía. Ni a un mes del 12 de octubre.
El torero es quien tiene derecho a acertar o errar en la elección del apoderado que le representará, porque sólo él es quien se juega la vida y quien debe cargar con la responsabilidad de la designación. Además, siempre es preferible equivocarse uno mismo a que te equivoquen otros.






