Ha sido, sin duda, la noticia de la semana, del mes, del verano y del  año. La retirada de Enrique Ponce, tan sorpresiva como inesperada, ha  dejado conmocionado a todo el mundo. Nadie daba crédito, pero lo bien  cierto es que su nombre no estará ya en los carteles. Una pérdida  enorme.

Mucho se ha hablado estos días de JOSÉ MARÍA MANZANARES, padre, JOSÉ MARÍA DOLS ABELLÁN, hijo y padre de toreros. Mucho y bien. Y con justicia. Por su biografía torera. Por su valor, su técnica, su constancia, su afición, su voluntad.

Rarísimo por sorprendente e inesperado el adiós, hasta luego o hasta pronto (tiempo indeterminado) lo de ENRIQUE PONCE. Nadie sabe cómo ha sido, como dicen de la llegada de la primavera. Nada lo hacía presagiar y algunos más conocedores dicen que tiene que arreglar su situación familiar, su divorcio, o que se trata de alguna venganza por parte de empresarios por su actuación en  el 2020 (admirable por cierto). De pronto, eso es lo más raro, de pronto, cuando toreaba todos los días: ni lo sabía su relaciones públicas ni la cuadrilla, que se presentó en BURGOS para torear. La retirada más extraña que he vivido en mis más de  50 años viendo toreros.

Enrique Ponce ha sido uno de los toreros más importantes de la historia de la tauromaquia y quien ha marcado las últimas décadas. Sus estadísticas son únicas y, muy probablemente, inalcanzables. Su categoría profesional dentro de los ruedos y humana fuera de ellos está fuera de toda duda. Después de más de 30 años como figura del toreo ha decidido hacer un alto, una decisión tan sorprendente como respetable.

Ayer se nos fue Julio Ochando. Luchaba contra una enfermedad hacía ya años, aunque parecía que no había nacido todavía el toro que fuera capaz de llevárselo por delante. Su fuerza, su carácter, su vitalidad a prueba de bomba hacia difícil pensar en que un día nos dejaría tan solos Gran aficionado a los toros, fue todo un apasionado por la tauromaquia. Y, sobre todo, Julio un personaje irrepetible. Políticamente incorrecto, lenguaraz, irónico, sardónico, no cultivaba eso del halago fácil, ni se preocupaba de utilizar la mano izquierda. El iba siempre de frente, en corto y por derecho. Y además parecía hacer suya aquella frase célebre que se contaba de futbolista Belauste en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920: “A mi el pelotón Sabino, que los arrollo”. Porque llevaba por delante a todo el que se le pusiese en medio. Nunca fue ni quiso ser un “bien queda”, ni falta que le hizo. Pero siempre sin doblez, con recia nobleza y con la verdad por delante. De gran corazón, honrado carta cabal, trabajador, leal, amigo de sus amigos, emprendedor, generoso, luchador, valiente y aguerrido Su labor empresarial fue notable tanto en su plaza de toros de Requena como en la de Utiel. Los equipos que formó con Emilio Miranda y los 40 Pavos pasarán a los anales de la historia por el extraordinario legado que dejó en ambas plazas. Trabajó mucho para celebrar el centenario del coso requenense y en la edición de un libro conmemorativo sobre la plaza. En el prólogo del mismo, firmaba todo una autorretrato que no me resisto a reproducir: “Mi afición, más que afición pasión por la fiesta brava, me ha llevado a ejercer en nuestra plaza de Requena todas las actividades taurinas, con la excepción de presidente. …

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