Un año más, los festejos que se dan en Bilbao por su feria concitan el interés general, sobre todo del aficionado, en un mes en el que su feria sobresale del resto. Y lo hace por la seriedad con que se hace todo en torno a estas funciones y por la importancia que se da a uno de los elementos imprescindibles para que se puedan dar: el toro.
En una época en la que los incipientes torerillos tienen prisa por torear en el campo, las figuras del toreo más sublimes continúan empleando un alto porcentaje de su entrenamiento diario al toreo de salón. Eso es fundamental para aprender a torear bien. Diego Urdiales, que apenas se había vestido de luces en un par de ocasiones este año, toreó en la plaza de Bilbao como si lo estuviese haciendo de salón. Quizá en eso radique el secreto de su éxito, en no dejar de torear de salón.
Tras unas cortas vacaciones de verano, conecto de nuevo con el ordenador y a través de Avance Taurino, me entero del fallecimiento el pasado día 24 de agosto de Pepe Martí, banderillero retirado y que fue un referente en Valencia, entre los toreros de plata.
La nueva izquierda española sigue obsesionada con la cosa taurina y está haciendo de su abolición una auténtica cruzada.
Decae considerablemente el número de festejos respecto a los que se celebraban hace unos años en la época dorada. Pero al stablishment actual le va bien así. Menos trabajo pero rentabilidad asegurada. Mientras no entren nuevos empresarios en el círculo el pastel está bien repartido entre los que son. Intercambio de cartas y de comisiones. Sota, caballo y rey en las ferias de siempre. Ese parece el ¿futuro? de la tauromaquia.
Aunque en agosto, con toros a diario, ferias en todas partes y no pocos triunfos y alegría, pueda parecer que todo marcha sobre ruedas, lo bien cierto es que el futuro de la fiesta taurina sigue siendo incierto y su situación delicada, mal que nos pese.






