Tras unas cortas vacaciones de verano, conecto de nuevo con el ordenador y a través de Avance Taurino, me entero del fallecimiento el pasado día 24 de agosto de Pepe Martí, banderillero retirado y que fue un referente en Valencia, entre los toreros de plata.
Francisco Picó
Conocí a Pepe Martí en las tertulias taurinas que en lo años 50 y 60 de celebraban en el desaparecido café Fénix, que había en los bajos del edificio de la Unión y el Fénix, frente a la plaza de toros, y posteriormente en un salón del hotel Metropol, donde se instaló uno de los primeros aparatos de televisión (naturalmente en blanco y negro) en Valencia.
Tuve muy buena relación con Pepe Martí, me lo presentó Pepe Garcia, mozo de espadas fallecido hace unos años y que también fue un referente en su cometido por aquellos años.
Pepe Martí, además emparentó con el prometedor novillero valenciano Manolito Herrero, al casarse éste con una hermana de Martí. Como muy bien decía Pepe Martí, “mi cuñado Manolito Herrero, no llegará a nada en esto del toreo, porque carece de afición, Sólo tiene afición a los pájaritos”.
Profecía que se cumplió, pues con el paso del tiempo, Herrero, hijo de un buen y gran aficionado que regentaba el bar ambigú del cine Mundial de Valencia, decepcionado, optó por emigrar a Francia, donde trabajó de taxista en París.
Pepe Martí, buen torero, destacó como un gran subalterno, eficaz con las banderillas, y solvente con el capote, no debe extrañar que entrase en la cuadrilla de un torero como lo era Victoriano Valencia, actual padre político y co apoderado de Enrique Ponce.
Un día Pepe Martí me dijo, Quiero que sepas, tu el primero, que ya no estoy en la cuadrilla de Victoriano Valencia.
-¿Qué ha pasado Pepe?
Pues al finalizar la corrida en Andujar, (precisamente la misma plaza donde un toro de Miura, le había pegado una cornada a Martí en la cara, lo que le supuso tener una de las cornadas llamadas de espejo) durante toda su vida.
– Pues -continuó Pepe- de regreso a Madrid, nos detuvimos en una venta para cenar la cuadrilla. Al poco rato llegó el matador y su gente con el mismo propósito.
Victoriano con bastante sorna y mal estilo dijo:
-Vaya, vaya, cenando a costa del matador y además con una botella de vino de marca.
-Me adelante y le dije, Maestro, esa botella no va a ir a la cuenta de la cena, es una invitación especial que he hecho a mis compañeros.
A Valencia no le gustó mi intervención y me espetó diciendo: “Estás despedido de mi cuadrilla”.
Eso fue todo. Una rabieta del matador, y una decisión poco acertada.
A partir de ese momento la vida profesional de Pepe Martí siguió toreando con todos lo toreros que lo requirieron, casos de Ricardo de Fabra, Julián García, Santiago López y otros muchos más en lo que en el argot se llama “ir suelto”.
Gran persona, hombre afable y de buen talante. Repito, gran profesional,
Dios te guarde, Pepe, nos vemos en la eternidad.









