Septiembre es el mes que más corridas programa y el que más ferias de novilladas anuncia, algo que en muchos casos es posible gracias a la implicación altruista de los aficionados agrupados en peñas y comisiones. Sin embargo, el número de festejos menores sigue descendiendo en los ciclos más importantes. Si el sector no reacciona y consigue abaratar el coste de las novilladas -tanto en lo que a impuestos se refiere como de forma interna- llegará un tiempo en que las peñas y comisiones se hartarán y el futuro pintará (más) oscuro.
Estos días hay que escribir de Zaragoza porque su nueva empresa nos ha dado un gran ejemplo anunciando una feria del Pilar, tan extensa e interesante como en años anteriores. Y en un tiempo récord. Y con el añadido de los festejos que no se pudieron ofrecer en la feria de San Jorge.
Hay ciertos políticos que parecen más interesados en fomentar la enemistad entre el pueblo que en buscar soluciones de concordia, artistas de la crispación social empeñados en imponer su pensamiento sobre las libertades de quienes no opinan como ellos. El asunto (anti)taurino es para ellos una de sus grandes prioridades, y Algemesí, feria a la que atacan por todos los flancos, continúa estando en su punto de mira.
Una temporada más, la feria taurina de Albacete se revela como una de las más interesantes del año, convocando a una parroquia fiel y a miles de visitantes que tienen a este serial como uno de los clave de todos cuantos se dan cada año en la geografía taurina.
Más esperado este bombo de otoño que el de Navidad. Los aficionados están contentos de que haya alguna novedad en el toreo y que esto se mueva. Sobre todo, cuando hay tan pocas.
Estoy impresionado todavía por el suceso del pueblo conquense de Belmonte. Y con mala impresión, claro. Cornada a Manuel Escribano y el trato recibido.






