Es el único partido que desde el silencio total o la marginación tremenda sufrida durante años y ahora como protagonista actual y gran protagonista futuro, según la opinión pública y la publicada, defiende totalmente el espectáculo taurino. Es muy importante porque puede ganar muchas batallas.

Sigue tensa la situación en torno a la tauromaquia en, curiosa y sorprendentemente, el país en el que se desarrolló, normalizó, regularizó y adquirió carta de naturaleza. Sigue tensa, en general, la situación en el país en el que buena parte de su historia, tradición y cultura derivan, precisamente, del toro y su trato con el hombre. Sigue tensa la situación en un país al que a muchos avergüenza llamar por su nombre: España.

Los activistas antitaurinos no cesan en su empeño por derribar cualquier simbología que desprenda taurinismo. Sus proclamas contagian a una sociedad cada vez más buenista y simple. Las reacciones del sector profesional suelen ser pocas y normalmente se producen a destiempo. Las firmas nacionales huyen de publicitarse en el mundo de los toros por temor a posibles presiones de los antis. Así las cosas, habrá que conformarse con el apoyo desinteresado de Rosalía, Bertín Osborne y ahora Chivas Regal, la prestigiosa marca escocesa de whisky que acaba de dar una lección a los empresarios patrios.

Asentada la realidad pública y de representación política de Vox, tras las elecciones andaluzas del 2 de diciembre, uno de los apoyos de más notoriedad mediática a la formación de reciente epifanía es el del torero José Antonio Morante de la Puebla.

Como está de moda dar a cada día del año un contenido y motivo de celebración, como si no fuese suficiente el festejar a diario que seguimos vivos y podemos contarlo, desde hace un tiempo a los Días contra el Cáncer, de la Mujer, del Niño, de la Tercera Edad, del Árbol, etcétera, se añade, entre otros trescientos y pico, el Día Internacional de los Derechos de los Animales, que desde 1997 se celebra el 10 de diciembre, intentando lograr que las personas reflexionen sobre el respeto que debe otorgarse a todos los seres y no sólamente a los humanos.

  Un querido, admirado y añorado director de periódico que uno tuvo hace unos años, a quien no han mejorado sus sucesores, no era precisamente un gran aficionado a la fiesta de los toros. Una tarde fallera se sentó a mi lado en una contrabarrera de la plaza de toros de Valencia. Siguió el festejo en silencio y con mucha atención, y pasado el ecuador del mismo, se volvió hacia mí y dijo: “Oye, qué cosas. Yo creía que la plaza de toros también se pegaba la gente, como en el fútbol. Y me he llevado una agradable sorpresa al ver que no es así.” Viene esto a colación por la final de la Copa Intercontinental de fútbol que se discutió ayer en Madrid. Un partido que acabó por jugarse en la capital de España, ya que las trifulcas entre los seguidores de River Plate y Boca Junior impidieron que se celebrase el partido de vuelta en el estadio Monumental de Buenos Aires, feudo de River. Pues bien. Estas cosas, no pasan en los toros. La tauromaquia, la fiesta nacional, tendrá sus defectos y sus anacronismos, que los tiene. Pero el ejemplo que dan los aficionados, tanto dentro como fuera de la plaza, dista mucho del que ofrecen en muchas ocasiones los seguidores futbolísticos. Y es que, en la fiesta de los toros, el aficionado buscar el disfrute, el vibrar con la emoción, sentir el riesgo, gozar con la belleza de lo estético. Y si uno es partidario de un …

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