Un adiós que llega con retraso. Esperado, deseado, inaplazable, el adiós del Cid viene por la necesidad de no demorar más lo que parecía cantado. No hay más que ver cuántas toreaba, dónde y con quién en las últimas temporadas.  Cada vez menos. Hace años ya su decadencia era tan clara como evidente.

A pesar de que en invierno las noticias referentes a la confección de carteles escasean y de que el ambiente taurino se enfría en esta época del año, los aficionados mantienen viva la llama de la ilusión esperando las combinaciones de las primeras ferias de la temporada. Y aunque no parece que en 2019 el funcionamiento del sistema taurómaco vaya a cambiar demasiado, hay pequeños indicativos que señalan que pueden comenzar a suceder cosas positivas en su entorno (si de verdad se hace lo que se dice y se aprovechan las coyunturas).

No tuvo rival en su época en activo, ni antes ni después, como periodista radiofónico que escribió y habló de toros. Fue el mejor, con diferencia, por la honestidad con la que ejerció y por la brillantez que alcanzó. Antonio García-Ramos Vázquez, un nombre que, sin embargo, las generaciones posteriores de aficionados y profesionales lo tienen aparcado en la memoria del reconocimiento. 

Acabó 2018 y antes de pensar ya en el nuevo año hay que recordar qué dio de sí, y de no, el anterior. Al empezar una aventura todo es esperanza. Al terminarla todo se ha hecho experiencia.

La Navidad de este año tuvo unas vísperas, al margen de un nuevo intento de buscar protagonismo por parte de nuestro Gobierno y del desgobierno de Cataluña, protagonizadas por un torero, Paco Ureña, que eligió Valencia -y no por mero capricho- como escenario para anunciar que no se rinde y que vuelve a torear en 2019.

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