Joder Marcelino. Se nos ha ido sin avisar. Bueno, algún aviso sí que nos había dado. Pero bueno, como hoy en día tenemos el defecto de vivir al día, a prisa y corriendo, metidos en este frenesí de la vida, muchas veces no hacemos caso de los avisos, ni nos paramos ni un minuto a pensar. A pensar en las cosas que realmente son importantes. Como la amistad. Y las relaciones personales. Y a mi, tengo que reconocerlo, me ha pillado este toro, valga la expresión. Enrique Amat Y mira que me lo decía nuestro amigo Vicente Adam: “que  tenemos una comida pendiente con Marcelino, que a ver cuándo vamos, que estamos dejando pasar mucho tiempo. Que nos espera.” Y uno, venga dejarlo para otro día. Cuántas veces me había dicho, con esa voz algo cavernosa y tan peculiar que tenía: “amigo, vente a comer un día unas chuletas conmigo. Te traes a la mujer y a las chiquillas y pasamos el día.” Sin embargo, venga dar largas, sin encontrar el momento. Maldita sea la hora. Porque ahora, no me lo perdonaré nunca. Y es que ya no tiene remedio. Lo fui dejando, y ahora se me queda esa asignatura pendiente toda la vida. Y sin poder aprobarla nunca. Mi amigo Marcelino.Tan áspero y rudo por fuera como bueno, noble y pastueño por dentro. Porque, a pesar de esa apariencia de malote que le gustaba ofrecer, de esa cara de enfadado y esa mirada torva que ponía, tras esa máscara se escondía una …

Toni Gázquez fue la cabeza pensante y Toni Gaspar quien lo hizo realidad. Hace dos años el director del Centro de Asuntos Taurinos y el ahora presidente de la Diputación de Valencia pusieron en marcha un certamen de escuelas taurinas que cumple su tercera edición bajo el común denominador del éxito, tanto artístico como de convocatoria. Después de luchar contra las dificultades que imponían sus socios de gobierno, los dos “Tonis” consiguieron potenciar las actividades taurinas en Valencia, especialmente las que a la Escuela Taurina se refiere. Ambos continuarán al frente de sus cargos. Buena noticia para el sector.

Aunque, curiosamente, el patrón de Pamplona es San Saturnino y no San Fermín -que sí lo es de Navarra, honor que comparte con San Francisco Javier-, que las fiestas que en honor a este mártir del siglo III son el mayor reclamo de la ciudad de Pamplona es algo sabido, si bien de la conclusión de las investigaciones, realizadas por separado, que llevaron a cabo en 1970 varios historiadores navarros, un arqueólogo de Amiens y el historiador Roldán Jimeno Aranguren, se deduce con toda claridad que la historia de San Fermín no tiene base histórica alguna.

Hace unos días se presentó en Valencia un libro yo diría que indispensable para conocer, o completar, la historia de uno de los toreros más importantes y carismáticos que han dado España y la tauromaquia. Se trata de Manolete en Valencia, obra de Toni Gázquez, director del Centro de Asuntos Taurinos de la Diputación Provincial, y Paco Laguna, biógrafo del legendario torero cordobés.

El alcance mediático de los sanfermines no puede ser mayor. Los encierros matinales se televisan en los cinco continentes en retransmisiones que analizan con esmero cada metro del recorrido y explican con ánimo pedagógico los mínimos detalles. Sin embargo, el amplio despliegue informativo desparece por la tarde y las corridas sólo parecen existir para los medios especializados. Pero los profesionales no deben echar la culpa a la prensa ni a la organización pamplonica. Es cuestión de mirarse en su espejo, de mejorar el sistema del toreo en plaza, de fortalecer el sector y, después, de exigir atención.

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