Adiós, Marcelino. Un artículo de Enrique Amat

Joder Marcelino. Se nos ha ido sin avisar. Bueno, algún aviso sí que nos había dado. Pero bueno, como hoy en día tenemos el defecto de vivir al día, a prisa y corriendo, metidos en este frenesí de la vida, muchas veces no hacemos caso de los avisos, ni nos paramos ni un minuto a pensar. A pensar en las cosas que realmente son importantes. Como la amistad. Y las relaciones personales. Y a mi, tengo que reconocerlo, me ha pillado este toro, valga la expresión.

Enrique Amat

Y mira que me lo decía nuestro amigo Vicente Adam: “que  tenemos una comida pendiente con Marcelino, que a ver cuándo vamos, que estamos dejando pasar mucho tiempo. Que nos espera.”

Y uno, venga dejarlo para otro día. Cuántas veces me había dicho, con esa voz algo cavernosa y tan peculiar que tenía: “amigo, vente a comer un día unas chuletas conmigo. Te traes a la mujer y a las chiquillas y pasamos el día.”
Sin embargo, venga dar largas, sin encontrar el momento. Maldita sea la hora. Porque ahora, no me lo perdonaré nunca. Y es que ya no tiene remedio. Lo fui dejando, y ahora se me queda esa asignatura pendiente toda la vida. Y sin poder aprobarla nunca.
Mi amigo Marcelino.Tan áspero y rudo por fuera como bueno, noble y pastueño por dentro. Porque, a pesar de esa apariencia de malote que le gustaba ofrecer, de esa cara de enfadado y esa mirada torva que ponía, tras esa máscara se escondía una bondad sin límites y un corazón que no le cabía en el cuerpo.
Yo ya le conocí tarde, porque no llegué a ver los tiempos cuando se anunciaba como “ El halcón negro” de la mano de Paco Calvo. Luego, ya siendo él banderillero, fue cuando empecé a ir a los toros. Y me arrimaba a él y a los profesionales que se visten de plaza y azabache, para intentar aprender de esto tan bonito que es el toreo.
Y uno recuerda esos festejos invernales y matinales en la plaza de toros que construyó  en la Puebla de Vallbona, junto a un salón pars comer y bailar. Allí debutó con picadores Manolo Carrion, y torearon Ángel de la Rosa y Luis de Pauloba, entre otros. Y aquellos festivales con toreros como José Fuentes, El inclusero y otros muchos.
Con el aprendí muchas cosas del toreo, y de la vida. Porque a uno siempre le ha gustado la gente como él: sencilla, sana, llana y noble. Gente del toro cabal, no los taurinos de moqueta y de Moet Chandon. Gente como Marcelino, que tienen por bandera el trabajo y el esfuerzo. Sin dobleces. Sin vender apariencias. Emprendedores. Como el Marcelino torero, restaurador, sastre y lo que le pusiesen por delante.
Gente auténtica como él. De los que llaman al pan, pan, y al vino, vino. De los que van siempre de frente, en corto y por derecho. Sin medias tintas, y sin actitudes melifluas y de falsa diplomacia. De los que dicen las cosas a la cara.
Echaré de menos a la persona, al torero y al amigo. Y no me perdonaré no haber ido a hacerle una última visita y tomarme esas chuletas con él, y no haber encontrado un rato para atender a su invitación. Espero que me habrá perdonado.
Y seguro que velará por nosotros, desde su delantera de grada del cielo.

Nacido en Valencia en 1959.

En la actualidad es redactor en los portales Avance Taurino y Tauroimagenplus, así como en la revista de la Unión de Federaciones Taurinas de España (UFTAE) y colabora en el programa de radio “Toros con El Soro” de Intereconomía Radio y El Remolino de Ocho TV.

Desde septiembre 2019 dirige el programa de Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.