San Isidro 2026: Me gusta, no me gusta. Artículo de Carlos Bueno

La feria de San Isidro deja cada año imágenes, actuaciones y comportamientos que invitan a la reflexión. La pérdida de la lidia clásica, el protagonismo de los subalternos y matadores banderilleros, las salidas a hombros, la actitud de algunas figuras, la presencia de El Juli y del Rey Felipe VI en los tendidos o la irrupción de nuevos valores son algunos de los aspectos que han llamado la atención.

 

 

A lo largo de lo que llevamos de feria de San Isidro se han producido hechos que llaman la atención, para bien y para no tan bien.

 

En la parte negativa, hay que apuntar que la lidia parece haberse perdido ya como recurso oportuno cuando un toro no se deja torear según la concepción moderna. Hoy todos los matadores quieren pegar pases, robar muletazos, “parar, templar y mandar”, torear bonito, cuando lidiar astados con sentido y peligro exige hacerlo sobre las piernas, anticiparse a sus intenciones, meterse en sus costados, ganarles la pelea, poderles. Lidiar es una manera de imponerse, de estar por encima de la alimaña; un recurso tan válido como firmar una tanda de naturales cadenciosos a un burel noble.

 

No me gusta que se pierda esa faceta que siempre fue fundamental en la tauromaquia, como tampoco me gusta que desaparezca la función lidiadora de los subalternos cuando un animal no se muestra claro de salida. Hoy el matador parece sentirse obligado a saludar de capa a todos sus antagonistas, con independencia de las condiciones que presagien. Que un banderillero recibiera a un toro y le recetara dos capotazos por cada pitón fue siempre algo tan natural como pertinente para el lucimiento posterior del maestro, que podía observar así las virtudes y defectos de su oponente.

 

Tampoco me gusta que los matadores banderilleros se empeñen en protagonizar el segundo tercio al margen de las cualidades del astado. Si el animal no se presta al lucimiento, no merece la pena insistir en clavar los palos. El matador banderillero debe brillar con los rehiletes, no pasar penalidades.

 

No me gustan las cargas policiales que demasiadas veces se han visto tras la apertura de la Puerta Grande. Los aficionados que intentan tocar a su ídolo son apasionados, fetichistas, entusiastas, fans, pero nunca delincuentes y, por lo tanto, no merecen ser tratados como tales, a empujones y porrazos. Por fortuna, en las últimas salidas a hombros de Urdiales y Ferrera la actitud policial se moderó y no hubo altercados ni problemas, como toda la vida fue.

 

No me gusta que algunos toreros considerados figuras gesticulen al estilo de los rejoneadores tras acabar con el burel, solicitando a la galería que pida trofeos para ellos. No, eso no me gusta.

 

En la parte positiva, me gustó ver a El Juli en el tendido, habiéndose sacado su entrada como un aficionado más, aunque él no sea uno más, sino una figura histórica del toreo. Podía haber pedido un pase de callejón y lo habría conseguido sin el menor problema, pero su dignidad, entereza y señorío se lo impidieron. Bravo, Julián; que cunda el ejemplo.

 

También me ha gustado comprobar que hay savia nueva que viene arreando, muchachos jóvenes, con la hierba en la boca, la ilusión por las nubes y condiciones para dar continuidad al toreo. Además, las abrumadoras entradas y los llenos que se han sucedido durante la feria corroboran el interés que la tauromaquia despierta en la actualidad. ¿Quién dijo que está en crisis?

 

Me gustó ver de nuevo al Rey Felipe VI en el tendido de Las Ventas. La periódica presencia de Su Majestad en los toros supone un respaldo de incalculable valor para nuestra cultura, nuestra diversidad y nuestra libertad. Sea siempre bienvenido.

 

Por cierto, no me gusta la deriva que parece estar viviendo Madrid, que siempre fue baluarte de la exigencia, la autenticidad y la seriedad. Algunas faenas de polémico acuerdo entre el público y defectuoso remate con el estoque nunca antes fueron premiadas como lo han sido este año.

Nació en Algemesí (Valencia) en 1968.

Director y presentador de programa taurino “El Corro” de Berca TV, Televisión de Algemesí, desde 1996.

Director y presentador del programa taurino “Patio de Cuadrillas” desde su creación en 2002, pasando por LP Radio, Punto Radio, Gestiona Radio e Intereconomía Radio.

Articulista de la revista “Avance Taurino” desde 1998.

Redactor del semanario taurino “Aplausos” desde junio de 2004 hasta agosto de 2005 y director del periódico “La Veu d’Algemesí”.

Ha escrito los libros «Luis Francisco Esplá, toreador», «Plaza de toros de Algemesí» y «Sueños de gloria».