Sucedió en un pequeño pueblecito español, tradicional y hospitalario, donde cada año el espíritu navideño se funde con la pasión por los toros, donde, una vez más, se deseó grandeza y un futuro halagüeño a la tauromaquia. ¿Sucedió o fue imaginación? Realidad o ficción, que el arte del toreo siga vivo.

Acaba el año y, aunque de facto ya hace unas semanas que dejó de haber festejos, oficialmente se cierra la temporada. Una campaña que, en los ruedos, ha sido intensa y con abundantes notas de interés. Toros y toreros coincidieron en numerosas ocasiones, lo que propició que el espectáculo fuese brillante.

¿Tenemos? ¿Para escribirles la carta? ¿Pedirle lo que necesitamos? ¿Sugerirles ayudas? ¿Confiar en que nos harán caso? ¿Ponernos en sus manos? Pues debe ser que sí pero no parece que los taurinos les escriban muchas cartas y ni les pidan lo que es necesario y muchas veces imprescindible.

El mundo taurino no se para ni en NAVIDAD y danza que te danza. Ni NOCHEBUENA ni NAVIDAD lo sujetan para disfrutar al completo de estos días de descanso y familia. En VALENCIA  adelantan mucho las FALLAS aunque es una lástima que lo de que el 19 de marzo las cierre el gran festival a beneficio de la riada sea sólo una inocentada. Categoría, plaza y fecha. Todo a lo grande como así debe ser. Mientras, va más lento SAN ISIDRO, aunque moviendo la feria  la mano de RAFAEL GARCÍA GARRIDO y también la de SEVILLA, en la que RAMÓN VALENCIA tiene que hacer más méritos para que no se le acabe en chollo y al menos le den una prórroga de un año.

La Navidad, cada año, vuelve a tratar de marcar una tregua en la contienda diaria. El mensaje lanzado hace ya 20 siglos sigue vivo y vigente en buena parte del mundo actual que, aunque luego no lo tenga en cuenta para nada, estos días parece tomar un respiro en su enloquecida vorágine cotidiana.

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