Isabel Natividad García de Frutos, la maestra Nati lleva ya 70 años al pie del cañón, dedicada al mundo de la sastrería taurina, y en reconocimiento a su trayectoria fue premiada con la Medalla de Oro al mérito de las Bellas Artes.

Enrique Amat
“Fue mi madre la que fundó la sastrería. Ella trabajaba con el maestro José Uriarte, era la bordadora. Uriarte hacía ropa de torera a las principales figuras de la época: Juan Belmonte, Joselito el Gallo, Marcial Lalanda, Nicanor Villalta. Y cuando murió el maestro tuvo que hacerse cargo del negocio. Había un festejo importante y tenía que terminar unos vestidos con urgencia. Y se quedó el negocio. Y luego ya entré yo a trabajar con ella. Los trajes de torero y los capotes de paseo han sido toda mi vida. Y hasta me enamoré de un torero. Ya que todos los días estaba mezclada con ellos, era mi destino.”
Los orígenes de la sastrería son legendarios.
“Mis padres tenían el Hotel Sevilla, en la calle del Príncipe, cerca del Teatro Español. Los Dominguines vivían en el número 35, cerca de la famosa Cervecería Alemana de la plaza de Santa Ana. La relación de ellos con nuestra familia fue muy estrecha siempre y existió una gran relación personal y también profesional. Y empezamos a hacer diseños también de capotes de paseo e imágenes.”
Su madre Natividad de Frutos e Isabel Bernabé, que era su madrina, fueron sus maestras.
“Ellas llevaron el negocio, que lo abrieron en la calle Jardines Y eran unas artistas. Bordaron, por ejemplo, el capote de paseo negro y azabache que Joselito el Gallo llevó a la muerte de su madre en la temporada 1919. Tenían mucho cartel en Sevilla. Y en Andalucía me han tratado siempre muy bien. Y que le den a uno una medalla en vida, es algo a tener en cuenta. Yo soy la única sastre de toreros, el resto son hombres. A ello he dedicado mi carrera, mi vida. Me he realizado como sastre, mi hijo ha seguido la tradición. Y me gusta y me sigue gustando lo que hago.”
Usted se ha especializado en capotes de paseo. Con imágenes de vírgenes y cristos.
“He hecho capotes con las imágenes de la Virgen de Triana, la Macarena, la Virgen de los Desamparados para Enrique Ponce. He hecho capotes de paseo para Pepe Luis Vázquez, Manolo Vázquez, Paco Camino, Curro Romero, Miguelín, Rafael de Paula, o El Cordobés. La Virgen de Guadalupe es quizá la que más me haya motivado. Y también tengo mucha devoción y me motiva mucho el Cristo de Medinaceli. Viene porque desde niña me llevaba mi padre al Jesús de Medinaceli. Y yo soy muy creyente. Sin olvidar a la Virgen del Rocío, a la Macarena, la Esperanza de Triana, y el Cristo de las Tres caídas, que últimamente me lo ha encargado Cayetano.”
Y en México también goza de reconocimiento.
“Para una exposición que hicimos para allí junto con John Fulton tuve que arreglar vestidos con imágenes mayas en los ternos. Fue algo muy importante. Aquella colección “Azteca de oro” ha pasado a la historia. Como ya he dicho, fue en el año 1975, con el torero John Fulton. Y se hicieron seis vestidos y seis capotes para seis figuras del toreo mexicano. Eran todos clientes míos. Los vestidos los llevaron Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Manolo Arruza, Curro Rivera, Miguel Espinosa “Armillita” y Mariano Ramos. A los viajes me acompañaba mi marido Enrique. Y luego tenía contacto con un sastre de allí que me ayudaba a rematarlo todo. En México se vive todo con mucha pasión. Es una gran afición, te trata muy bien y son unos grandes seguidores de la fiesta.”
No solo ha creado para el toro sino también en el cine.
“Mi madre hizo los vestidos de torear que lució Cantinflas en la película La vuelta al mundo en 80 días, en la que alternó con Luis Miguel Dominguín. Yo misma hice vestidos para el bailarín Rudolf Nureyev, para Peter Sellers en la película La Pantera Rosa, el que luce Adrián Brody en Manolete, e incluso los que llevan las toreras y los enanos en la película Blancanieves. Mi relación con el cine era anterior, porque yo trabajaba con Cornejo, y él hacía siempre el atrezzo de las películas. Y yo me encargaba del vestuario de todos los grandes artistas, como Paco Rabal o Arturo Fernández que se vistieron de toreros en el celuloide, y les hice yo los vestidos. También hice una exposición con Jean Paul Gautier, de chaquetas con un foro plastificado que tuvieron gran éxito en París y Milán.”
Y aparte de sastre de toreros, usted se casó con un matador como Enrique Vera.
“Era una gran persona, tenía un corazón de oro. Era buena gente. Un señor. Y además, un gran torero. Tenía unas grandes condiciones para haber triunfado en los ruedos, pero también se metió en la carrera del cine y aquello le despistó. Porque rodó tres películas, y las tres con papel de protagonista. La de Tarde de toros con Domingo Ortega y Antonio Bienvenida, el Niño de las Monjas y, sobre todo, El último cuplé con Sara Montiel. Mi marido, para los papeles se preparaba mucho y luego se entusiasmaba con ellos. Aunque no era actor, trabajaba como si lo fuera. Yo le conocí con 17 años, cuando venía a la finca de Jumillano con su padre y se quedaba en el hotel que teníamos. Y además era guapo, tenía gran cultura, hablaba muy bien y era una gran persona. Qué más podía pedir.”
Su hijo Enrique ha ejercido las dos profesiones de sus padres.
“Así es, porque toreó y ahora es sastre. Ambas profesiones tienen mucha relación. El quiso ser torero, pero no puedo conseguir su objetivo. Un día me dijo que no podía perder el tiempo, que lo iba a dejar que no podía estar en la fiesta de los toros sin ser alguien importante. Entonces decidió dedicarse a otra cosa. Y eligió la sastrería. Aprendió el oficio, estudió y luego ya se dedicó a esto. Hace una ropa preciosa, tiene gran afición. Y para mí es una satisfacción ver que he sembrado y no se ha perdido mi estela”.
También está Juan Carlos.
“Es más que un sobrino. Hijo de otro gran torero, como mi cuñado Antonio. Está en la escuela de Valencia como profesor. Fue un gran torero, y no tuvo la suerte que merecía, pero es un gran artista y una gran persona. Es un sobrino muy querido. Enrique lo traía a la casa de Madrid cuando empezó a torear y pasamos mucho tiempo juntos.”
Usted sigue cosiendo
“Nos vinimos de Sevilla a Madrid y estoy trabajando todavía. A mis 87 años las manos las tengo perfectas. Mi hijo hace los trajes de luces y chaquetas y yo los capotes. No sirvo para estar sin hacer nada. Además tengo bien la cabeza. Tengo muchos años, pero bien llevados. Y tengo la suerte de hacer lo que me gusta. Y aquí en Sevilla estoy muy a gusto. Me gusta el calor, la alegría de la gente, el sol y lo bien que me tratan. Lo único que echo de menos es que ya no está con nosotros mi marido.”
Tras una vida tan intensa, se imponen unas memorias que recojan toda su experiencia y todas sus vivencias.
“Eso es lo que me dice mi hijo. Y la verdad es que tiene razón y no sé cuándo nos podremos a hacerlas. Y es que por el hotel de mis padres pasaron todas las figuras del toreo. En aquellos tiempos en la feria de San Isidro venían todos y se quedaban toda la feria. Como he dicho, Pepe Luis Vázquez, Manolo Vázquez, Pepín Martín Vázquez, Rafael Ortega y también banderilleros como Chaves Flores, el Vito o el Tito de San Bernardo, quieres encima se quedaban en nuestro hotel. Domingo Dominguin se portó muy bien con nosotros cuando hicieron el concurso de Vistalegre y la oportunidad, ya que nos encargaron trajes nuevos para luego alquilarlos. Y luego aparecieron toreros como Miguel Mateo Miguelin, Ángel Teruel, Palomo Linares entre otros muchos.”
Su madre y usted tuvieron experiencias y relaciones con grandes toreros.
“Así es. Mi madre le hizo a Joselito el traje para la boda de su hermano Rafael con Pastora Imperio. Y también uno a Nicanor Villalta con unas peculiaridades. Yo también he hecho de todo. Incluso a un torero con polio que tenía una pierna más corta que la otra, le hice una taleguilla para que quedase equilibrada. Esto es un gran arte, porque el traje de torear es una segunda piel y ahora se viste mejor que nunca. Las bandas realzan mucho ahora, ya que son más anchas. La taleguilla alta y la chaquetilla más corta marcan la figura. Dentro de la tradición hay que buscar la comodidad y la estética y la elegancia del torero.”
Y Valencia lo lleva en el corazón.
“Por supuesto, quiero mucho esa parte de España. Por muchas razones. Incluso aunque de manera no profesional, he hecho trajes de fallera.”
Un torero que haya destacado por su elegancia.
“Sin duda Rafael Albaicín, quien fue ahijado del pintor Zuloaga.Tenia una planta y un porte y una figura, una elegancia excepcional. Incluso fue un torero que tuvo el atrevimiento de salir a torear a la plaza con una montera blanca. La estrenó en una corrida en Vistalegre alternando con Cagancho.”
También su hijo Enrique Vera interviene en la entrevista.
“Me dediqué a la sastrería cuando dejé los ruedos. Y me vino bien, porque la técnica del sastre y el sentimiento del torero es lo que hay que conjugar y hace que hagamos las cosas bien. Porque uno ya sabe las cosas que te han molestado y que te pueden hacer falta a la hora de diseñar un traje de torero. Buscas combinar la práctica con el sentimiento. Para estar en esta profesión hay que tener una afición desmedida.”
Usted hizo una carrera de novillero que tuvo cierta relevancia.
“Llegué a torear en Valencia, en Sevilla y en México hasta 17 tardes en plazas como Aguascalientes, Texcoco y San Luis Potosí. En Valencia tuve que lidiar una novillada muy complicada en el año 1983 de Daniel Ruiz, cuando todavía no tenía lo de Domecq. Aquella novillada fue muy dura, y luego también tuve que ir a sitios a contra estilo como Cenicientos, Piedralaves y Cadalso de los Vidrios. Fue una experiencia dura porque yo era más torero de arte.”
Con las telas y las agujas también se siente torero.
“Estoy en relación con la profesión y hago lo que me gusta. Ahora le estoy haciendo un terno a Lama de Góngora, un traje muy bonito en el que he bordado flores de cada uno de los países taurinos. Esto te enriquece, hacer cosas que se salen fuera de lo normal innovar.”
La situación de la pandemia ha influido en todos los estamentos de la fiesta y también el suyo.
“Por supuesto. Aquí se está por afición, pero que también hay que cubrir gastos. Para el año pasado teníamos dieciocho trajes y seis capotes de paseo antes de las ferias de Sevilla, Nimes, Castellón y Valencia. Y luego teníamos previstos otros cuarenta vestidos y seis capotes de paseo. Y tuvimos que parar todo. Y a base de préstamos, de ilusión y de afición vamos tirando. Pero cuanto más duro es el futuro y más complicado está, nos venimos arriba. Yo, a pesar de todo, prefiero la calidad que la cantidad. Ahora tengo más tiempo para diseñar, para mejorar, para innovar. Con la madurez y los años ves la vida con más tranquilidad, tienes menos ambiciones y haces lo que puedas hacer bien y más relajado.”
Pero el futuro no deja de estar complicado.
“Por supuesto, para todos. Me preocupa el futuro de la fiesta. Y sobre todo lo que les vamos a dejar a los que vienen detrás. El panorama y el futuro están muy complicados para los jóvenes. Yo tengo tres hijos de doce, ocho y cuatro años. Les quiero enseñar el oficio para que no se pierda esto.”
Y el recuerdo de su padre.
“El me enseñó sobre todo a ser buena gente. Y me imbuyó a que intentara hacer el bien por encima de todo y ser una buena persona. Era un artista. Todo lo hacía con arte, cantar, torear y bailar. Y me daba muchas enseñanzas. Porque me decía lo que había hecho mal y que debía aprender. Que intentara aprender de los errores. Por eso no hay que imitar a nadie. Hay que coger lo bueno de tus antecesores y aprender de lo malo, y él estuvo muy empeñado siempre que así lo hiciese. Y yo poco a poco es lo que he intentado hacer. Y es lo que intentaré transmitir a mis hijos. Pero mi padre lo tengo siempre en el corazón y en el recuerdo.”









