Quince años después, Enrique Ponce volvió a traspasar a hombros la Puerta Grande de Las Ventas. Y aunque es un logro al alcance de muy pocos, lo hecho por el torero valenciano fue mucho más allá.
Nada más romperse el paseíllo, en el tendido 7, cómo no, se desplegó una pancarta en la que se advertía que “el toro de Valencia no es el de Madrid”, en clara alusión a Enrique Ponce, que era sobre quien recaía el peso de la tarde. Como si sólo triunfase en Valencia, como si no supiesen que ha sido el torero que más veces se ha enfrentado en Madrid a toros de ganaderías duras, como si a lo largo de veintiocho años no hubiese lidiado astados de todo tipo y condición…
San Agustín decía que explicar cómo era Dios era como si un niño tratase de meter todo el mar en un hoyo de la playa. Explicar a Ponce es como tratar de comprimir en un solo muletazo la historia de la tauromaquia.
Ayer, con la corrida más seria y más fuerte de lo que se lleva de San Isidro, con un cuarto toro al que nadie más que él podría haberle sacado un pase, demostró quien es: el más grande, el mejor, el más capaz… EP, el extraterrestre, un torero de otra dimensión.









