Víctor Hernández derrochó valor y disposición ante un muy exigente toro de Santiago Domecq.
Madrid, 4 de junio.
Plaza de Las Ventas.
Vigesimocuarta de la Feria de San Isidro.
Lleno.
Toros de Jandilla y dos, quinto y sexto, de Santiago Domecq..
Emilio de Justo, de grosella y oro, silencio tras dos avisos y división de opiniones.
Borja Jiménez, de púrpura y oro, silencio en los dos.e
Víctor Hernández, de lila y oro, ovación en su lote.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Toros de Jandilla y Santiago Domecq (5ºy 6º) serios, exigentes y de variado comportamiento. El lote formado por el primero y cuarto fue el mejor, bravo, encastado y con movilidad, correspondió a Emilio de Justo quien, en ambos, perdió lo mucho ganado con la muleta por el uso del acero. El lote peor, tercero y sexto, le tocó a Víctor Hernández quien lo dio todo, asentando los pies y cuajando notables muletazos; en el último de la tarde fue violentamente volteado dos veces, se rehízo, volvió a la cara y brilló pasándolo con decisión por el izquierdo. Borja Jiménez no terminó de acoplarse con sus cinqueños.
Emilio de Justo recibió a su primero semigenuflexo por verónicas, con el viento molestando impidiéndole tener opción con el capote. En varas cumplió en la primera y se empleó en la segunda. Inició con la muleta cerca de los medios por el derecho. Tuvo casta y desplazamiento, ganando en mando y acople según avanzaba la faena. Al mostrarlo por el izquierdo estuvo a punto de ser cogido, solventó la contrariedad, pasándolo después con intensidad y conectando con el público. El mal uso del acero privó la obtención de trofeo. Su segundo, cinqueño, se dejó en varas. Brindó al público. Por el derecho ligó y templó en series dinámicas. Por el izquierdo la primera tanda fue de seis, en la siguiente lo pasó encajado, con transmisión y ceñido entre el alborozo del público, que vio el buen son del astado embistiendo con prontitud, humillando y acoplándose al ritmo que marcó el torero. El acero volvió a jugar una mala pasada.
El primero de Borja Jiménez metió bien la cara en el capote al recibirle por verónicas, ganando después terreno con poderío. En varas derribó en la primera, en la otra se empleó. Víctor Hernández quitó por gaoneras. Destacó en banderillas Juan Calos Rey. Brindó al público. Bronco y difícil fue en la muleta, además hizo su aparición un molesto viento que complicó la lidia, aún así lo pasó muy decidido por el derecho. Cambió los terrenos para intentarlo por el mismo pitón pero no consiguió el acople deseado. Cuando lo pasó por el pitón izquierdo bajó ostensiblemente el brío del astado, sin que desapareciera su genio y aspereza. La condición del toro junto con el viento no dio para más. Su segundo, cinqueño de Santiago Domecq, no se entregó en varas. Con la muleta inició con dos arriesgados pases cambiados por la espalda. La segunda serie por el derecho fue dinámica. Cambió al izquierdo, citó desde más lejos desplazándose mejor el astado, enganchando a veces. Su genio, el derrote al finalizar el muletazo y cierta irregularidad dificultó el deseado acople.
El viento impidió a Víctor Hernández lucirse por verónicas al recibir a su primero. En varas empujó en la primera y fue cuidado en la otra. Brindó al público. En la muleta fue incómodo, embistió rebrincado. No se entregó, se defendió pero Víctor se puso en el sitio, fijó las plantas, tragó y soportó parones sacando notables muletazos de buena ejecución, intentando ligarlos pero eso era pedirle mucho a este ejemplar que no lo consintió, desarmando una vez. Las cuatro bernadinas, con parón incluido, fue el exigente examen final previo al uso del acero. Su segundo, cinqueño de Santiago Domecq, embistió al capote en el primer lance levantando violentamente a Víctor, llevándolo enganchado por la chaquetilla y colgado en el pitón durante varios metros. Se temió lo peor pero tuvo suerte. Empujó en varas. Difícil fue en banderillas. Exigente, reservón y peligroso se mostró en la muleta. Víctor se puso en el sitio, aguantó la cara alta en el embroque, la incerteza al desplazarse y fue otra vez volteado en un pase de pecho. Volvió a la cara brillando heroicamente al pasarlo con asentamiento y derroche de valor, en una tanda por el izquierdo. La suerte no le acompañó a la hora de matar, sí para que saliera andando del albero.







