Es lo que hay, pero no es lógico ni posiblemente correcto. Que un novillero novel, de buenas a primeras, se la tenga que jugar en una plaza de categoría, es lo mismo que si a un piloto de karts le dan directamente un Fórmula 1 para competir en Mónaco. Si detrás no hay un mínimo tiempo de aprendizaje y un fuerte apoyo económico para prepararse exhaustivamente, las posibilidades de que todo salga bien son las mismas que toque el gordo de la lotería.






