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Bilbao 2024 es la feria del ser o no ser, en una decadencia que debe atajarse porque Bilbao ha sido muy importante para el toreo. Pasó de ser una fundamental de la temporada a  un alma en pena. Lo del año pasado, con los tendidos tan vacíos, fue descorazonador, pero seguía una tendencia decadente demasiado clara.

El abandono de la televisión pública a los toros acabará resultando letal para la tauromaquia. Los aficionados vivimos en nuestra esfera y no nos damos cuenta, pero la sociedad está cada vez más alejada del mundo taurino. TVE no retransmite ni una sola corrida ni le dedica un solo minuto a la información de los festejos más importantes, incumpliendo con sus estatutos y haciendo un daño irreparable al toreo.

Es  ley de vida. Y ley debida. Algo que llevamos marcado ya desde que se nace. Nuestra existencia es limitada y llega un día que se acaba. En ese tiempo cada cual hace el camino que puede. El de Camino fue largo, brillante pero también, y eso es algo que asímismo va implícito en vivir, duro.

Ahora que el toreo no está para carteles mano a mano, cada vez hay más carteles mano a mano. Como la sociedad está del revés y el toreo la representa como la que más, pues es lógico que caigamos en el espectáculo de saludos, apretones de manos, besos, brindis y no sé que más entre los “enfrentados” en esas combinaciones, donde no hay ni razones, ni sana competencia, ni un solo argumento.

Se celebran certámenes para becerristas por toda la geografía española; afloran novilleros con máximo interés; siguen consolidándose y apareciendo nuevos diestros de Francia y América; algunos de los toreros defenestrados encuentran sitio para ir metiendo cabeza; Ponce levanta expectación en su campaña de despedida; Morante se reencuentra con la ilusión; los últimos días cuatro toros se ganan la vida en los ruedos… Son buenas noticias.

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