Debo tener cierta atracción sobre los “enteraos”, esos especímenes que pululan por las plazas de toros haciendo alarde de sapiencia taurómaca aunque, en realidad, apenas conocen que un toro tiene cuatro patas y dos cuernos. Ante su vociferante e incontrolable verbigracia nunca sé cómo actuar. ¿Es mejor permanecer callado y dejar que digan una tras otra todas sus barbaridades, o es preferible pedirles que se mantengan en silencio y que dejen al respetable ver el festejo en paz?






