Los alumnos de las escuelas de tauromaquia salen a la plaza con unos conocimientos técnicos que antaño sólo alcanzaban muchos matadores con la experiencia que daban las diferentes situaciones vividas con el paso de los años. Esa apariencia de capacidad de resolución tan evidente resta emoción a sus labores e incrementa la exigencia sobre ellos. Y es que hoy en día todo va muy deprisa, aunque en el toreo todo debería ser “despasito”.






