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A causa del coronavirus, nuestros gobiernos -el nacional y los autonómicos- protegerán a los distintos sectores damnificados, pero en muchos puntos la tauromaquia quedará excluida, del mismo modo que verá mermado su respaldo económico respecto al que el Ministerio ofrecerá al espectro de la cultura. En la Comunidad Valenciana al ganado bravo se le han negado las medidas de apoyo que la Generalitat dará al resto de ganaderos.

No me gusta, ni quiero, que para optar a un trabajo te pueda condicionar la homosexualidad, ni tampoco pertenecer a una raza étnica que no sea la española, ni la condición de haber salido de un maldito Sida, o haber sido rehabilitado y apto para la sociedad después un encarcelamiento (siempre que no fuera por asesinato, o pederastia) o de raza gitana, o su condición por sexo.  

Este no es un artículo de toros, pero lleva toros. La historia y la vida se enredan  como las cerezas y son protagonistas en un momento los cronistas históricos de toros Gonzalo Carvajal (Gonzalo de Bethancourt y Carvajal) y Antonio D. Olano, y nos ha llevado a recordar a Gonzalo Carvajal el que otro periodista, de largo y buen recorrido, Sixto Martínez, él con más lazos que yo con el periodista taurino sevillano- tuviera también como ejemplo para seguir la profesión a Gonzalo Carvajal y nos ha puesto en contacto para hablar de esa figura otro magnífico periodista, Juan Miguel Núñez, cronista de toros, de años y éxitos. E incluso la figura de gran Gonzalo nos lleva a recordar a Emilio  Romero que hizo el mayor cambio que se recuerda en el periodismo taurino español : enviar a Hispanoamérica como corresponsal viajero por todos aquellos países y fichar para sustituirlo al terremoto, Alfonso Navalón Grande, de impresionante carrera pero que se le subió la soberbia a la cabeza y se la pegó. Incluso el autor de este artículo ha sido, es y será especialista taurino, con dirección de programas de toros en TVE y RNE y multitud de artículos por toda España. Desde toda la vida.

Durante mucho tiempo se tuvo al festejo en el que tomó la alternativa Agustín Parra “Parrita” como el más triunfal que nunca se hubiese celebrado. Y también se consideró aquella función como la corrida de toros a la que más público acudió nunca; si hubiese que hacer caso a todos los que dijeron que estuvieron presentes en la plaza aquella tarde, el coso de Monleón hubiese tenido capacidad para cerca de cien mil aficionados...

Hasta que completemos la “desescalada” y acabemos totalmente “desconfinados”, y mientras esperamos que la “cogobernanza” consiga un desarrollo económico, social e institucional duradero para alcanzar la “nueva normalidad”, no estaría mal que alguna televisión apostara ya por retransmisiones taurinas desde el tesoro medioambiental que son nuestras dehesas.

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