El olé o, mejor, el óle de Sevilla. Que son dos gritos muy diferentes. El segundo del pellizco, del alma, de la admiración. Lo saben los aficionados. Un sí, sí, sí. Un sí rotundo. Un sísísísí de golpe y entregado. 10 de mayo de 2019. Y en la misma tarde todas las orejas, todas las ovaciones, todas las alegrías, todos los títulos. Y el mejor de todos, torero de Sevilla. Morante, con lo que es Morante en Andalucía, no lo ha tenido del todo. Faltó la entrega del Baratillo. Y hasta le falló varias veces en taquilla.

Ricardo Díaz-Manresa
A Pablo le entregaron el cetro ya en el primer toro de aquella tarde. Ya no tendrá que preocuparse para que le contraten en Sevilla. Ni para volver aunque esté mal, aunque por su espíritu de torero siempre querrá estar bien. Aconteció que, de pronto, y sin que nadie se lo esperara ni hubiera antecedentes, lo colocaron en un cartel de farolillos con Morante y Roca Rey. Oportunidad de vida o muerte en la feria. Cara o cruz. Y salió cara. Y el cariño y el agradecimiento de la Maestranza, que soñaba con un torero de Sevilla y lo encontró. Y por eso en el sexto, muchos dicen que se mereció una pero le dan las dos. Apoteosis. Con, naturalmente, Puerta del Príncipe. Un torero de Sevilla capital, que los otros eran de pueblos cercanos. Pablo nació y vivió –hasta el estrellato- en Sevilla, donde se divirtió, eligió equipo de fútbol, hizo la carrera en la Universidad y estuvo en la Hermandad de sus amores para ser nazareno de Sevilla. Lo tiene todo para que el Guadalquivir lo adore.
Una vez la explosión y el síííí de Sevilla, se le abren todos los caminos. Para que digan que sólo Madrid es la gran influencia y apuró fechas y su prestigio subió como la espuma. La gran pena es que su padre no lo pudo ver. Se fue en marzo del año anterior. (La admiradora número 1, mi cuñada Reyes, bastante antes).
El público de la Maestranza, que el año anterior que estuvo ciego o escéptico y hasta el día de la explosión, se convierte casi en hooligan de Pablo Aguado.
¿Cómo toreó Pablo para poder explotar? Con más fuerza y entrega, y elegancia, y temple que hasta entonces. Y con sabor de otros tiempos. Y después de Sevilla deja a Madrid en blanco y…en silencio. Llega San Isidro y asombra.
¿Se faja? Ninguno de su categoría y su corte lo hace. El conjunto es suficiente. Lo suyo no es la lucha sino la armonía. Es diferente.
Curro refiriéndose al coronaví dice :”Yo siempre he mantenido mi distancia de seguridad”. Y la gente se sonríe y piensa en su toreo. (Ya en su monumento a las puertas de la plaza de Sevilla lo pusieron sin toro para su tranquilidad.)
A Pablo Aguado le espera un futuro interesante y también a nosotros como espectadores, pero hay algo que no entiendo de sus administradores y que lo preguntó muy bien Ramón Valencia : Por qué no Garcigrande?
Si le llegan a decir años antes que en Resurreccion iba estar en ese cartel se desmaya.









