Si uno come pipas en una plaza de toros es porque nada perturbador está ocurriendo sobre el albero. Cuando la emoción del toreo se hace presente sólo cabe la conmoción, la alegría, la euforia, el pellizco, la sorpresa, la alteración y un aumento de las pulsaciones que nos aleja de la indiferencia e impide realizar actividades cotidianas con normalidad, como comer pipas con parsimonia. Y el secreto para que la catarsis se haga presente no es otro que la intensidad.





