Ayer se nos fue Julio Ochando. Luchaba contra una enfermedad hacía ya años, aunque parecía que no había nacido todavía el toro que fuera capaz de llevárselo por delante. Su fuerza, su carácter, su vitalidad a prueba de bomba hacia difícil pensar en que un día nos dejaría tan solos Gran aficionado a los toros, fue todo un apasionado por la tauromaquia. Y, sobre todo, Julio un personaje irrepetible. Políticamente incorrecto, lenguaraz, irónico, sardónico, no cultivaba eso del halago fácil, ni se preocupaba de utilizar la mano izquierda. El iba siempre de frente, en corto y por derecho. Y además parecía hacer suya aquella frase célebre que se contaba de futbolista Belauste en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920: “A mi el pelotón Sabino, que los arrollo”. Porque llevaba por delante a todo el que se le pusiese en medio. Nunca fue ni quiso ser un “bien queda”, ni falta que le hizo. Pero siempre sin doblez, con recia nobleza y con la verdad por delante. De gran corazón, honrado carta cabal, trabajador, leal, amigo de sus amigos, emprendedor, generoso, luchador, valiente y aguerrido Su labor empresarial fue notable tanto en su plaza de toros de Requena como en la de Utiel. Los equipos que formó con Emilio Miranda y los 40 Pavos pasarán a los anales de la historia por el extraordinario legado que dejó en ambas plazas. Trabajó mucho para celebrar el centenario del coso requenense y en la edición de un libro conmemorativo sobre la plaza. En el prólogo del mismo, firmaba todo una autorretrato que no me resisto a reproducir: “Mi afición, más que afición pasión por la fiesta brava, me ha llevado a ejercer en nuestra plaza de Requena todas las actividades taurinas, con la excepción de presidente. …






