En un tiempo en el que la tauromaquia parecía condenada a la introspección, en el que, contadas excepciones, sólo unos pocos toreros salían de sus propios territorios nacionales, ha resurgido la inquietud por el toreo itinerante, por despreciar los posibles inconvenientes y viajar a América y por venir de allí a Europa. La recuperación de esa vocación, que fue norma en otras épocas, está devolviendo a la Fiesta una mayor dimensión cultural y competitiva.






