En dos décadas el toreo ha perdido más del 60% de las funciones que se celebraban. El problema se acrecentó con la pandemia y es más preocupante en el caso de las novilladas. Conseguir la viabilidad de los festejos menores ha de ser una prioridad para que la tauromaquia siga disfrutando de aparición de nuevos valores que provoquen la necesaria renovación periódica del escalafón.






