OPINIÓN

HomeOPINIÓN

Casi, casi. Vino ROCA REY el jueves y salvó los muebles, pero es una anécdota porque siguen los males, que son muchos y que intentaré explicar en mi próximo artículo (“ ¿Por qué ha caído BILBAO?”) y  se vieron en la tarde del jueves. De afición a hooligans. El rocareyismo o como sea. Como partido de fútbol y que gane el mío. Público mamá, cariñoso y enternecedor. Y menos mal. Hasta mucho espectador en la parte más alta, tan difícil de siempre.

133 días después de una espeluznante cogida que le pudo dejar tetrapléjico, Emilio de Justo reaparecía para imponerse a las adversidades. Más allá del éxito artístico conseguido, en el ambiente imperaba el triunfo de un hombre que ha superado más de cuatro meses de dolor, dureza, incertidumbres, miedos y esfuerzo. Fue un milagro que el torero extremeño no quedase postrado para siempre en una silla de ruedas. Fue un milagro que pudiese volver a hacer el paseíllo en tiempo récord.

Es acabar julio y media España echa el cierre, coge las maletas y se relame con los días que tiene por delante de holganza y vacación. Hay otra mitad que aguanta el tipo y curra. En esa mitad está la gente del toro, que en este mes tiene faena a diario.

Estamos ante el nuevo BILBAO, que debe recuperarse y ser grande, que es plaza de primera con VALENCIA, SEVILLA, MADRID y PAMPLONA. Hay otras pero no sé por qué ni para qué. BILBAO siempre ha estado supervalorado. No podemos pasar ahora del BILBAO mimao al BILBAO ¡cuidao! (Y empleo el ao final porque rima con BILBAO, menos tradicional y correcto pero más directo y más usado por el pueblo).

COLOCA AQUÍ TU PUBLICIDAD

PÍDENOS PRESUPUESTO