Más ataques, más tropelías, más abusos, más prevaricación. La penúltima ofensiva antitaurina tuvo lugar en Venezuela hace sólo unos días, cuando a un grupo de jóvenes se les impidió torear unas becerras de forma arbitraria. Da igual que la tauromaquia sea legal, a algunos sólo les importa cercenar derechos, imponer sus gustos y despreciar los del resto. Pero las injusticias también se producen en el seno del taurinismo. No es buena cosa.





