De repente, como si no hubiese nada más de lo que ocuparse, como si no existiesen otros cientos, miles, de problemas y deficiencias, parece que no hay nada más urgente que conseguir que se prohiban las corridas de toros.
De repente, como si no hubiese nada más de lo que ocuparse, como si no existiesen otros cientos, miles, de problemas y deficiencias, parece que no hay nada más urgente que conseguir que se prohiban las corridas de toros.
En los estadios de fútbol hay pantallas que informan a los espectadores. Y los altavoces funcionan siempre que es necesario. Al principio, ofreciendo las alineaciones de los equipos y después dando cuenta de los cambios. Y colocando el resultado en la gran pantalla. Así los espectadores que han ido al campo tienen casi la misma información que los de la tele.
Cada vez más empresarios taurinos aseguran que pierden dinero. Parece una moda, y resulta poco creíble. ¿Cómo, si no, se explica que sigan pagando ingentes cánones de arrendamiento para hacerse con las gerencias de las plazas? En Sevilla se han recaudado más de 180.000 euros de beneficios netos en un festival y, sin embargo, se afirma que las corridas son deficitarias. Si es cierto, urge cambiar el sistema.
Eso es lo que se dice que hace el diablo cuando se aburre. Y eso es lo que parece que hacen ahora los activistas antitaurinos, que vuelven a la carga pidiendo la abolición de las corridas de toros. Y lo hacen a nivel global, abarcando prácticamente a toda la geografía taurina.
Las orejas son una constante actualidad en el toreo. Y hay rachas. Hace años se daban rabos por doquier y hasta una pata y hasta dos. Supongo que nunca hasta tres, nunca, porque no podrían con tanta carga. Ahora, rabos, pocos, y –afortunadamente- patas, ninguna. Era un descuartizamiento desagradable. Ahora, sólo orejas. Y es lo correcto.
FRANCIA otra vez se va a enfrentar a los antitaurinos. Se espera otra victoria. Lean el artículo de FRANÇOIS ZUMBIEHL, muy bueno como siempre explicando la situación.