Las orejas son una constante actualidad en el toreo. Y hay rachas. Hace años se daban rabos por doquier y hasta una pata y hasta dos. Supongo que nunca hasta tres, nunca, porque no podrían con tanta carga. Ahora, rabos, pocos, y –afortunadamente- patas, ninguna. Era un descuartizamiento desagradable. Ahora, sólo orejas. Y es lo correcto.

Ricardo Díaz-Manresa
Yo soy muy partidario de la coherencia y la justicia y así me va.
Y por eso me rebelo contra las injusticias, a favor y en contra, de conceder trofeos. Aunque las injusticias se prodigan más en las de a favor que en lo otro.
En fin, que las orejas a unos se las regalan del todo, a otros se las dan y pocos las cortan de verdad. O benevolencia del público, o fans que llegan en autobuses a ver a sus toreros, u orejeros de la tele que siempre ven mayoría y la indulgencia de los presidentes, muchos de los cuales no están preparados para sentarse en el palco.
En primer lugar, hay una gran mentira muy apoyada por los integrantes de los medios de comunicación, muchos de los cuales ni son profesionales ni sienten la profesión. Siempre a favor de dar orejas. Repiten o escriben incansables que había mayoría y además, en otros casos, que el presidente no tenía sensibilidad ni por supuesto afición si no atendía la petición mayoritaria. Señores del micrófono de radio o televisión o del ordenador: MAYORÍA ES LA MITAD MÁS UNO.
Con mayoría, la plaza estaría blanca como un monte nevado ( petición que se da para pedir rabo). Muchas veces las orejas la piden uno de cada 10 ó 15 y parece que hay muchos agitando los pañuelos o…vociferando, que también se piden a gritos. Mientras, muchas veces –o casi siempre- no hay mayoría pero los de la primera oreja gritan como demonios. Y, si hay duda, está bien que el presidente la dé. Tampoco hay que ser muy cicateros o extremadamente exigentes. Pero sí justos. Y la segunda, que es del presidente, se pide con el mismo fervor y…muchas veces se concede. Y puede porque no se hayan enterado que dió la primera ya…porque recogen el pañuelo a toda velocidad. Debería haber una norma obligatoria: dejar los pañuelos fuera para que todos los vieran hasta arrastrar al astado. Igual que cuando dan avisos que muchos no se enteran porque no han oído la trompeta. O conceder la vuelta al ruedo. O el pañuelo del indulto.
Muchas orejas se conceden por el valor del torero. Bien. Otras por su arte. Estupendo. Otras por la técnica. Justo. Y bastantes si el profesional ha sido cogido durante la faena o no digamos al entrar a matar si cae rápidamente el animal. Y por supuesto si aguanta con una cornada hasta que dobla el enemigo. O sea, por heroicidad, admiración, valor y arte.
Otra cosa es cómo se mata, si se tiene en cuenta dónde cayó la espada, y cuántas entradas hubo y cuántos descabellos. Ahí sí que hay orejas regaladas.
Lo importante que habría que valorar justamente es si hay mayoría de verdad (LA MITAD MÁS UNO) y, si no la hay, no mentir o llegar al acuerdo o costumbre, lo que se lleva ahora, aceptado en casi todas las plazas, de que es suficiente con que la pida un tercio y se grite mucho.
Regalar sin mérito vale para poco y desprestigia a todos (profesionales, presidentes y toreo). Hemos ido para abajo, hasta el punto que antes dar una vuelta al ruedo en Las Ventas servía para firmar 15 corridas de toros y ahora nadie quiere darla si no toca pelo. Son los tiempos.









